200 Años de Independencia y la Esclavitud Continúa

200 Años de Independencia y la Esclavitud Continúa

Entre vieja música de cabaret, luces de colores, humo y carcajadas estaba una mujer sentada en una mesa donde solo la acompañaba un tequila, un cigarrillo y un montón de sueños rotos, su nombre; nadie lo supo.

“Ella” tenía la mirada triste, un cuerpo frágil dibujado por un diminuto vestido, y paciencia para esperar al cliente. Su trabajo no consistía en lo selectivo, no había otra opción, solo el suspiro de todos los días en el umbral de su puerta que apuntaba a un callejón.

Su historia se orienta a partir de los 12 años de edad. Era una niña inocente que se ganaba la vida vendiendo dulces en las calles pero un día, un tipo “le puso la mano encima… pero le pagó”. La rudeza de sus palabras y la bajeza de sus actos marcaron su denigrante destino.

“Ella” solía contar su historia a los parroquianos: “Yo era una niña pobre que ayudaba a mi madre y por eso comencé a vender cositas, a veces flores, dulces, o cualquier baratija. Papá se fue de “mojado”, jamás supimos si había cruzado. Solo éramos mamá y yo. De niña soñaba con  ser enfermera, casarme, tener hijos y una familia feliz. De grande solo soy una puta infeliz que vende su cuerpo porque le ultrajaron el alma”.

El típico sueño de cualquier mujer. Pero “Ella” no era una mujer, era una niña que su sueño quedó tan corto como su edad. En medio de la pobreza, en uno de esos días de trabajo por las calles, ésta terminó iniciándola como prostituta. Un hombre le arrancó su inocencia. Este despreciable sujeto, luego de poseerla, la sorteaba entre sus compinches en una partida de naipes. Abusaron de ella una larga temporada sin que su madre advirtiera la tristeza en su mirada.

Un día, regresó de la calle, y encontró que la muerte la acechaba; Su madre estaba muerta. La enfermedad le consumió voraz y su lazo fue fugaz. Por si fuera poco, no había familiares cercanos que reclamaran su custodia, asi que ésta paso a manos del asqueroso tío, el mismo que la compartía con los tipos de la jugada. La niña intentó escapar pero no lo logró. En escarmiento, la subastó a unos despreciables seres de conciencia negra que se dedicaban a la “trata de blancas”.

La niña recorrió cientos de kilómetros en la caja de una camioneta. No viajaba sola, la acompañaron otras que bajaron en poblados a su paso. Su destino final,  el norte; un “Boys Town” en la frontera mexicana.  Jamás volvió a saber del tío pero tampoco volvió a estar en sus cinco sentidos. Cuando no estaba bajo los efectos del alcohol, le daban drogas, o somníferos. Nada cambiaba, su vida ya era una pesadilla, tanto de noche como de día.  A veces el ciclo de vida es tan corto; de la cuna a la calle y de la calle a la tumba.

Asi pasaron muchas lunas, entre copa y copa, cliente y cliente. “Ella” contó sus días sin ilusiones, solo la esperanza de vender su cuerpo para pagar el piso que ocupaba, hasta que un día la muerte la acompaño en esa morada. Un maniático sexual sació su salvajismo hasta el punto de introducirle una lámpara de mano en su vagina. Nadie escuchó nada. Nadie supo nada, excepto que un degenerado logró huir por la puerta principal. Horas después, el hombre que contó esta historia, fue quien la encontró sin vida; aquel que esperaba paciente a su preferida. Este hecho es real, sucedió a finales de los años 70´s. Toda su vida desplegada a ocho columnas. Su fría imagen tatuada con sangre. Así apareció en la foto de la nota roja de un periódico local de mi ciudad natal. Su cuerpo descansa en una fosa común. Sin nombre, solo una cruz que se ha llevado el viento. Nadie reclamó su cuerpo, nadie clamó justicia, solo la historia gris de mi composición poética como epitafio.

En ese tiempo, muchos cuestionamos esta patología social; al psicópata que logró evadir la justicia; a los dueños de los antros por negociar con el cuerpo, la libertad, la vida ajena; a la corrupción que se protege con charola en las corporaciones policiacas; a las instituciones que lejos de salvaguardar a los menores se convierten en máquinas sociales para conservar su puesto y/o justificar su salario; a las instancias federales y sus métodos tecnocráticos de justicia que solo juegan con los números y le dan vuelta a los expedientes; a nosotros como sociedad que tampoco vemos rostros humanos. Nos convertimos en cómplices desde el momento que sabemos esto y no hacemos nada. Algunas veces porque es mas fácil estar sumergidos en la ignorancia, en otras por indiferentes. O quizá la mas cómoda; “son niños y mujeres de la calle”, pero la mayoría desconocemos la historia dolorosa de cautiverio que hay detrás de cada uno.

En México existen miles de historias ocultas que NO forman parte de las estadísticas. Quizá de esas que sabemos pero NO nos atrevemos reportar. Sin embargo, las causas por las que los menores de edad se ven involucrados, hay que señalar que son variadas y complejas. Van desde la desintegración familiar y la violencia intrafamiliar, la deficiente formación escolar, así como la apremiante situación económica y de desventaja social en que se encuentran -frente al espejismo de una mejor vida, ofrecida por los proxenetas- hasta el desgaste o distorsión de valores, donde aquellos más sublimes han sucumbido frente al materialismo y al bombardeo incesante de comerciales, transmitidos en los medios de comunicación colectiva, que invitan al consumo de necesidades meramente artificiales.

La trata de personas no es neutral en cuanto al género: la trata de mujeres está relacionada con la discriminación en el mercado laboral, la desigualdad en el acceso a derechos y oportunidades y las relaciones desiguales de poder. Otro factor es la feminización de la pobreza, los roles de género y la responsabilidad de la mujer como única cabeza de familia con cargas familiares no compartidas, la violencia intrafamiliar, la violencia en la pareja o los matrimonios forzados, situaciones de las que las mujeres intentan huir buscando oportunidades en el extranjero.

A nivel mundial según el diagnóstico encargado por Human Trafficking Assesment a la American Bar Association, en México se han detectado 47 bandas dedicadas a la trata de personas sexual y laboral y en las entidades donde existe el mayor riesgo para este crimen son el Distrito Federal, Baja California, Chiapas, Chihuahua, Guerrero, Oaxaca, Tlaxcala y Quintana Roo.

Por otra parte, según datos estimados de UNICEF más de 12 millones de niños en el mundo entero se prostituyen por estas mafias.  La agencia de servicios sociales de México informa  que existen más de 16.000 niños y niñas que ejercen la prostitución; los destinos turísticos son las zonas donde más abundan estos casos.

Igualmente existen otras organizaciones que están realizando estudios sobre este terrible fenómeno, entre ellas se cuenta Ecpat y Ceidas. También la CNDH instaló en septiembre de 2009 el Observatorio Nacional contra la Trata de Personas y ya desde 2007 había formado Comités Regionales que, mediante trabajo interinstitucional y multidisciplinario, analizan y hacen recuento del delito para denunciarlo ante las autoridades competentes. Otro organismo federal que conjunta sus esfuerzo en contra de la trata de personas es la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia Contra las Mujeres y la Trata de Personas, que depende de la Procuraduría General de Justicia, y que ojalá sirva para garantizar el cumplimiento del principio de NO discriminación asegurando tambien el acceso de todas las víctimas de trata a las medidas de asistencia y protección.

Por su parte, la Organización Internacional para las Migraciones, (IOM por sus siglas en inglés) estima que México ocupa el sitio número 28 en el mundo y 5º. Lugar en América Latina como país en la trata de personas. Esta actividad delictiva representa una de las tres principales fuentes de ingresos del Crimen Organizado, después del tráfico de drogas y de armas. La trata de personas les genera ganancias que superan los 9 mil 500 millones de dólares anuales.

Dentro de este contexto, las condiciones de miseria o pobreza resultan insuficientes para explicar por si solas las causas de este flagelo que arraiga patrones culturales y actitudes históricas, propios de una sociedad de estructura patriarcal, que ubica a la niñez y a la mujer en un nivel de inferioridad con respecto al varón adulto, quien parece mirar en aquellas personas, un objeto de su posesión.

Entre las condiciones sociales que favorecen a ese delito destaca el hecho de que seis de cada 10 niños viven por debajo de la línea de la pobreza; dos millones de niños menores de 14 años no van a la escuela, y uno de cada tres menores de 14 años no tienen servicios sociales. Sin embargo, es demostrado que no todas las víctimas de explotación sexual provienen de familias pobres.

Puede tratarse también de adolescentes que por distintos motivos se fugan de sus hogares de clase media y que ven en la prostitución el único medio para poder sobrevivir por su cuenta, o sencillamente para poder adquirir más bienes de consumo, o lo que es peor, las drogas que los convierte en una minita de explotación donde el tráfico de personas es considerado “La esclavitud del siglo XXI” documentado en 173 países del mundo; 90% de las víctimas son menores, adolescentes y mujeres, que quedan a expensas de de las mafias modernas, las cuales trafican a las personas como si fueran mercancías de uso común.

México esta formado por numerosas entidades entre las que existen profundas diferencias sociales y económicas, sin embargo, urge redoblar esfuerzos, sin importar las causas que motiva u obliga a la población vulnerable a ser partícipe en este cáncer que lesiona y degrada su cuerpo, capacidades y autoestima, éste permanezca lejos de ser un cómplice, sino  víctima de personas inescrupulosas que se aprovechan.

Es preciso dejar de pertenecer al grupo de negligentes, indiferentes, carentes de emociones sinceras espontáneas que solo se reflejan en la búsqueda incansable de la imagen, el status y las apariencias que están evidenciadas a lo largo de 200 años de independencia que pretende encubrir la historia, con gestas heroicas, cuando no es otra cosa que la combinación de malos gobiernos y malas costumbres de la sociedad, pero tambien, de varones trogloditas que acostumbran desabrocharse la bragueta para mostrar la percha en lo que este tema se refiere.


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About the Author

Erase una vez una mujer en un mundo donde las noches eran largas y los días cortos para contar su propia historia. Los cincuenta años son como la última hora de la tarde, cuando el sol se ha puesto y me invita a la reflexión, sin embargo un crepúsculo me induce a creer, a pecar, a sonreír y tal vez por eso reflexiono con la luz de mis sentidos, con el aroma de las flores y el roció de los demás. Erase una vez una mujer que devoraba libros para regalar palabras. Eso es lo que soy, una poesía que se inspira cada día para arrullar las estrellas y suspirar con la luna”. TWITTER: @Nina_Ramon