30 Artículos para Reflexionar sobre Derechos Humanos

30 Artículos para Reflexionar sobre Derechos Humanos

En los 30 artículos de la Declaración Universal, la palabra “libertad” es la que más se repite.

Hace más de medio siglo que Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, uno de los documentos internacionales más citado de los últimos años.

¿Y qué son los Derechos Humanos? Son los atributos, prerrogativas y libertades que se le reconocen a un ser humano por el simple hecho de serlo, e indispensables para una vida digna. Sin ellos no es posible un desarrollo civilizado de personas y de pueblos, donde prevalezcan la libertad, el respeto al derecho del otro, la justicia, la equidad, la tolerancia, la solidaridad y la paz del mundo.

No es por el afán de criticar, pero a estas alturas me parece evidente que a la declaración le faltan un par de derechos. Por ejemplo, no incluye el más elemental de los derechos: el derecho a respirar, que se ha hecho impracticable en este mundo donde hay que suspender la respiración para no intoxicarse por los altos niveles de contaminación ó para no contagiarse de alguna extraña enfermedad como sucedió el año pasado (H1N1).

No figura el derecho a caminar por la calle libremente, ejercicio que ha pasado a la categoría de “hazaña”, dejando sólo tres clases de peatones posibles: los que corren, los heridos y los que caen muertos por un resbalón con cáscara de plátano (perdón, ya nomás falta que eso digan).

En ningún artículo figura el derecho a la indignación, que es lo menos que la dignidad humana puede exigir, sobre todo aquellos donde se condena a la mujer de ser indigna en pleno siglo XXI. Tampoco figura el derecho a luchar por otro mundo cuando ya se hizó hasta lo imposible por tratar de sobrevivir en éste.

Pues bien, reflexionemos sobre los artículos 1 y 2: “Todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Que nacen, puede ser; pero a los pocos minutos se les hace un mundo aparte, y eso de que “Nadie podrá ser discriminado por su sexo, raza, religión o cualquier otra condición”, me parece digna la comparación con los 10 mandamientos: Todos los conocemos, todos los practicamos, y todos los negamos.

El resumen de los siguientes artículos nos habla de la “libertad y seguridad personal”. La guerra multiplica la prosperidad de los prósperos y cumple funciones de intimidación, castigo y muerte sin tomar en cuenta que “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona , mientras se irradia sobre el mundo una cultura militar que posiciona la violencia contra la gente “diferente” donde la frase; Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes” suena muy similar a la historia oficial; “Hay verdades que pueden matar a un país”. Para los ciudadanos que no cooperan, su sacrificio puede salvar al país con la promesa de que pasará a la historia.

Por otra parte, la obstinación para cometer abusos y arbitrariedades nos reduce a la categoría de sub-gente, sub-mujeres, sub-justicia para acatar todo lo contrario del acontecimiento renovador y sanador de la declaración: Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley […] No quiero ser pesimista pero en México nos hemos forjado a golpes de injusticia, con billetes o con un buen abogado. La impunidad reina en los tres poderes: El Legislativo propone, El Ejecutivo dispone y el Judicial se encarga de justificarlo todo y, así, todo se reduce a proteger los intereses de unos cuantos.

Aumenta la inseguridad, y para salvaguardarla aumentan también los gastos militares. Obscenas fortunas alimentan la fiebre cazadora y promueven la invención de demonios destinados a justificarla. El artículo 11 está para proteger: “toda persona es inocente mientras no se compruebe lo contrario“. Tal y como están las cosas en nuestro país, dentro de poco será culpable de terrorismo o narcotraficante toda persona que no camine de rodillas o no se arrastre por el suelo, aunque se pruebe lo contrario.

El artículo 12 establece claramente que “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. En lo que concierne a otras debilidades, complejos o algunos defectillos, el lector puede estar tranquilo porque “Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques”. Eso creemos pero cuando la tranquilidad abandona a un pueblo como consecuencia de la corrupción, no es posible que  sienta la misma confianza cuando tocan a la puerta y dicen: “Somos de la Policía y venimos a ayudarlo” (¡¿?!).

Si usted es supersticioso (a), pondrá especial atención al número 13: “Todos tenemos derecho a transitar libremente […] Entrar, es otra cosa. Las puertas de los países ricos se cierran en las narices de los millones que se convierten en una especie de desertores de su país que peregrinan de sur a norte, huyendo de los cultivos destruidos, los ríos contaminados, los bosques arrasados, los precios desorbitados, los salarios empobrecidos, los gobiernos corruptos. Unos mueren en el intento, otros consiguen colarse por encima de quien sea para cumplir su sueño. Un sueño que primero hay que vivir como pesadilla y, ¿todo para qué? Para que una vez dentro, en la tierra prometida, sean los menos libres, los menos iguales y los más buscados, siempre atormentados por la maldición de “You´ll be back (home)”.

Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia [...]. Sobre estas líneas del artículo 18, no hay que perder de vista las religiones que están organizadas de forma -más o menos- rígidas, mientras que otras pierden fuerza o carecen de estructura formal y están integradas en las tradiciones culturales de la sociedad o etnia en la que se practican dentro de sus santuarios, sin embargo, el sistema político mexicano no permite “jaladas” como expresó el Obispo Onésimo Cepeda al referirse irrespetuosamente sobre el patrimonio de todos los mexicanos, el Estado laico.

Por otra parte, “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Creo que sobre este artículo no hay duda si tomamos como ejemplo deliberado del párrafo anterior.

Los artículos 20 y 21 nos hablan del “derecho a la libertad de reunión y de asociaciones pacíficas”. Se supone que “Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación” si no quiere, pero sí puede “participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos” siempre y cuando haga uso de su  “derecho de acceso en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país”, que no viole los derechos de nadie. Ahí es donde radica el problema: una buena parte finge demencia y los utiliza -como peldaños- para llegar al PODER.

El inciso 3 del artículo 21 dice: “La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto”.

Voy a apoyarme en este ejemplo: En 1910, Don Porfirio Díaz inauguró el Hemiciclo a Juárez como parte de los festejos del Centenario de Independencia. Ahora, 100 años después, la corrupción, la hipocresía y la mentira siguen levantando monumentos. Los tiempos políticos y democráticos no han cambiado nada salvo por la existencia de un Instituto Electoral (IFE). De acuerdo al último censo, pocos son los héroes que descansan en paz. Una buena parte deambula como alma en pena recorriendo los panteones históricos, mientras la inestabilidad política continúa comprando votos, si no a punta de pistola como antaño, sí con despensas y/o vales de gasolina. La herencia maldita no nos la podemos quitar.

Sobre los derechos económicos, sociales y culturales, a que se refieren los artículos del 22 al 26, mucho dependen del resultado de los dos anteriores. Si no le quedó lo suficientemente claro, sugiero una repasadita para entender que “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud, el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda [...] Para las personas ordinarias no nos queda otra alternativa que la  “libertad de trabajar, ganar un salario justo y fundar sindicatos [...]

Encontrarlo es lo bueno. Lo malo es que cada vez son más los trabajadores que no tienen, hoy por hoy, ni siquiera la oportunidad de elegir la salsa con la que van a ser comidos sus tacos para el lonche ya que los empleos duran menos que un suspiro, y el miedo a perder el trabajo obliga a callar y obedecer: salarios más bajos, horarios más largos, jornadas al doble que los obliga a renunciar al siguiente:Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas” ¡ni hablar!

Las instituciones financieras internacionales del mundo contemporáneo, imponen la “flexibilidad laboral”, eufemismo que designa el entierro de dos siglos de conquistas obreras. Y las grandes empresas multinacionales exigen acuerdos libres de sindicatos, en los países que entre sí compiten ofreciendo mano de obra más sumisa y barata.  Aunque advierte el artículo 4; “Nadie será sometido a esclavitud ni a servidumbre en cualquier forma”, vaya, menos mal.

En lo relacionado al artículo 26 “Toda persona tiene derecho a la educación” pero me preocupan los 7 millones de jóvenes que tal parece que ni “Los padres tienen el derecho preferente de escoger el tipo de educación que habrá de darle a sus hijos” que ni estudian, ni trabajan, ni les importa, ni dejan de ser mexicanos ni mexicanas. De alguna forma hay que hacerles ver a estos jóvenes que todos tenemos derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten [...]

No figura en la lista el derecho humano a disfrutar de los bienes naturales, tierra, agua, aire, y a defenderlos ante cualquier amenaza. Tampoco se condena el suicida derecho al exterminio de la naturaleza, que ejercitan los países que se han adjudicado el planeta y lo están destruyendo poco a poco, como si con ello quisieran acabar con los países en “sub-desarrollo” que generalmente son los que pagan los platos rotos.

Los años noventa fueron bautizados por las Naciones Unidas con un nombre dictado por el humor negro: “Década Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales.” Nunca el mundo ha sufrido tantas calamidades, inundaciones, sequías, huracanes, clima enloquecido, en tan poco tiempo. ¿Desastres “naturales”? En un mundo que tiene la costumbre de olvidar muy pronto a las víctimas, y a culpar a la propia naturaleza de los crímenes que contra ella se cometen.

El artículo 28 establece que “todos tenemos derecho a un justo orden social e internacional“. Las mismas Naciones Unidas nos informan, en sus estadísticas, que cuanto más progresa el progreso, menos justo resulta. El reparto de los panes y los peces es mucho más injusto en los países desarrollados para con los sub-desarrollados. Y en el orden internacional, también los numeritos de las Naciones Unidas revelan que diez personas poseen más riqueza que toda la riqueza que producen 54 países sumados. Las dos terceras partes de la humanidad sobreviven con menos de tres dólares diarios, y la brecha entre los que tienen y los que necesitan se ha triplicado desde que se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

La declaración proclama, pero la realidad traiciona. “Nadie podrá suprimir ninguno de estos derechos”, en resumen así cierran los artículos 29-30.  Pero hay “quien” podría argumentar que “¡si se puede!”, y ese “quien” son los grandes Poderes generados por este Sistema Económico Mundial, apoyados por sus campañas de miedo y catecismo de resignación impuesta al ciudadano común.

En México, el Presidente Felipe Calderón asegura que los principales enemigos de este país son el narcotráfico y el crimen organizado. No dudo en que sean enemigos del país los que matan y secuestran y ponen en jaque a una población entera, lo que no me convence es la certeza absoluta del presidente, aunque seguramente  llegaría a esa conclusión tras un profundo analisis de la situación del país, y una rigurosa medición de los riesgos de sus decisiones. Pero indudablemente lo que queremos los mexicanos es que se acaben las mentiras o las verdades a medias, y se respeten los derechos humanos tan golpeados en este país historicamente.

En cuanto a las certezas del presidente, me reservo el derecho de dudar, que al fin y al cabo es un derecho más que nadie me puede quitar, aunque no lo mencione la Declaración de las Naciones Unidas.

30 articulos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

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Erase una vez una mujer en un mundo donde las noches eran largas y los días cortos para contar su propia historia. Los cincuenta años son como la última hora de la tarde, cuando el sol se ha puesto y me invita a la reflexión, sin embargo un crepúsculo me induce a creer, a pecar, a sonreír y tal vez por eso reflexiono con la luz de mis sentidos, con el aroma de las flores y el roció de los demás. Erase una vez una mujer que devoraba libros para regalar palabras. Eso es lo que soy, una poesía que se inspira cada día para arrullar las estrellas y suspirar con la luna”. TWITTER: @Nina_Ramon