A PUERTA CERRADA

A PUERTA CERRADA

Dice Jodorowsky que la soledad es no saber estar con uno mismo. Y lo que uno hace mientras se encuentra consigo mismo tiene muchas tonalidades. Unos leen, otros ven la tele, otros sacan todo lo de su closet y/o cajones para luego volverlo a meter, pero algunos, en ocasiones, en esos momentos de horrenda libertad, se masturban. Por supuesto, es uno de los pasatiempos preferidos de chicos y grandes que nadie enlista cuando se presenta frente a otro contándole las cosillas que lo hacen ser quien es. “Me gusta el cine, la música electrónica y masturbarme”. Nadie consideraría ésta una buena carta de presentación.

De que hay abstemios, claro que los hay, pero eso se vuelve irrelevante frente a la brutal diferencia entre hombres y mujeres a la hora del autoerotismo. A pesar de existir variaciones entre las formas de autoerotismo masculino, la verdad es que sucede un poco como con la ropa formal, al final del día no hay mucho que escoger: traje, camisa, corbata y tan tan. Con las mujeres no sucede lo mismo, Masters y Johnson, la pareja de sexólogos más famosos de los últimos 30 años, escribieron que se atreverían a asegurar que no han encontrado dos mujeres que se masturben de la misma manera. La masturbación femenina representa todo un enigma para ambos sexos, ya que a diferencia de los hombres, hay un gran porcentaje de féminas que no tienen éste tipo de prácticas o que sólo las han tenido algunas veces en su vida sin que se llegue a ser costumbre, hábito o hobbie. Pero además de sí se masturban o no, queda lo más interesante: el cómo.

Se pueden contar fácilmente las escenas de autoerotismo femenino en películas, claro, que no sean XXX. Una de las más peculiares y explícitas de los últimos tiempos es la de Mulholland Drive de David Lynch, una escena desgarradora porque es una masturbación con mucho sufrimiento ya que significaba la ausencia de la pareja, y era metonímicamente como frotarse la herida. Las mujeres de Lynch siempre están un poco trastornadas, pero independientemente, el director muestra una realidad: las mujeres también se masturban. Dicen que uno de los mejores momentos en la historia de Big Brother fue en Holanda cuando la cámara captó a una mujer moviéndose rítmicamente debajo de las cobijas que. De pronto se detuvo. Pasaron 30 segundo. Nadie respiraba, nadie quitaba los ojos de la pantalla. Luego siguió con lo suyo hasta terminar. Sex and the City fue uno de los pocos y de los primeros programas que muestran abiertamente la masturbación femenina. Para el resto de la televisión, es como si no existiera.

Algunas mujeres argumentan que no se masturban por que para eso tienen relaciones sexuales con el sexo opuesto, y que no encuentran satisfacción sexual de ninguna otra forma que no sea con un hombre, poseedor de un pene que además, las penetre. Digamos que como Freud manda. Freud consideraba que la sexualidad madura era la genital, en donde había un hombre y una mujer teniendo sexo genital, es decir, pene-vagina. La mayoría de las personas no han leído a Freud, pero curiosamente muchas estarían de acuerdo con ésta parte de su teoría. ¿Pero de dónde sacan éstas mujeres que la responsabilidad de su placer sexual está en el otro? Es cómo si su sexualidad quedara reducida a las habilidades de esos otros para llevarlas al éxtasis. Las probabilidades de que una mujer tenga un orgasmo con su pareja se reducen enormemente si nunca lo ha experimentado sola. Se habla de dependencia económica, de dependencia emocional, pero pocos hablan de la dependencia sexual, que muchas veces es la causa por la cual muchas mujeres aguantan todo tipo de abusos y maltratos por parte de su pareja, porque piensan que no van a poder vivir sin el placer que éstos pobres les brindan de vez en cuando, La dependencia sexual es una realidad y al parecer son necesarias más Ninas Hagen que vengan a enseñarles a las mujeres como masturbarse: cuál es el clítoris, la vagina, la pinta y la santa maría y cómo se puede aprovechar el tiempo de soledad para cuestiones provechosas y absolutamente necesarias. Las revistas y los programas de televisión muestran como maquillarse, como hacer recetas de cocina para conquistar el más exigente de los paladares, y hasta posiciones sexuales para salir de la rutina, pero nunca le dedican un espacio que muestre a las mujeres cómo masturbarse.

Si una mujer puede darse placer sola, el papel del hombre queda en entredicho. El Galán deja de ser indispensable y sobre todo deja de ser el portador delhaceplacer, que por cierto se pueden comprar en los sex shops. Supongo que por eso la masturbación en las mujeres es un tema que aún sigue siendo tabú o material de películas pornográficas.  Porque además esa paradoja entre miedo y curiosidad resulta muy excitante para el sexo masculino y se integra cómodamente a su repertorio de fantasías sexuales.

Una de las mejores cosas de ser mujer es que la variedad es un ingrediente propio del género. Que se aproveche o no ésta ventaja es otra cosa, pero sin duda es una de las características de lo femenino: la diversidad. Bien decía Lacan que no hay dos vacíos iguales, refiriéndose a lo que hay en medio de las piernas de las mujeres, y si no hay dos vacíos iguales mucho menos una forma propia o universal de dar placer a tan singular anatomía. Cada quien descubre, casi por accidente, los modos, los ritmos y las intensidades que más le acomodan. Y ya que no es la intención de ésta columna ser didáctica ni educativa, dejaremos como enigma las peculiares maneras femeninas de obtener placer en solitario.

Dice Barbara Kruger que tu cuerpo es tu campo de batalla, pero también dice la mamá de George en Seinfeld que el cuerpo puede ser utilizado como parque de diversiones. Si uno no puede contar con su cuerpo como lo propio, como lo más privado y personal, entonces no se puede contar con absolutamente nada.


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About the Author

Tijuanense desde hace 39 años con una interrupción chilanga de 14 entre los 21 y los 35. Maestra en Psicologa Clínica. Estudiante permanente de Lacan y del psicoanálisis en general. Aficionada al arte y a las letras.