La vida y la muerte, dos lados de una misma moneda y distantes como la noche y el día. La historia del ser humano ha sido marcada por creencias acerca de nuestra existencia en este mundo y nuestro destino final al respirar por última vez.
Es por ello que en estas fechas recordamos al umbral de la muerte, donde han ido aquellos seres queridos y antepasados. No sabemos con certeza dónde se encuentran, pero la fe y el recuerdo los mantiene vivos en nuestros corazones.
Aunque el halloween ahora se trata más de disfraces y dulces, en el pasado también estaba conectado con el recuerdo de los difuntos. Se creía que en una cierta noche se abría el portal entre los vivos y los muertos. Estos últimos regresaban, espíritus tanto buenos como malos y los vivos empezaron a usar disfraces como protección contra los malos.
El día de muertos todavía mantiene la conección con el recuerdo de seres queridos que han pasado al otro lado. Ese otro lado, desconocido y producto de tanta especulación tétrica es la razón por la cual la humanidad intenta comprender a la muerte. Muchos tienen miedo a la muerte, otros simplemente la respetan, pero es algo que todos sabemos que sucederá.
Dicen que la energía no muere sólo se transforma, es por eso que tenemos la esperanza de que todos seguimos aquí, de una forma u otra y sólo hay dimensiones o barreras que nos separan.
En sus orígenes el día de muertos era una tradición azteca en honor a Mictlancihuatl, diosa del mundo de los muertos, según explica Ramón Talavera Franco en Cultura Fronteriza. Es interesante que en wikipedia dice que es diosa del inframundo, que aunque viene siendo lo mismo, esta palabra también lleva el significado de infierno.
Menciono esto porque a partir del cristianismo, el destino final de los seres se partió en dos, el cielo y el infierno. Esa división entre el bien y el mal se interpretaba de forma distinta en el pensamiento azteca.
Relacionar a la muerte con el infierno exclusivamente trae consigo connotaciones maléficas, las cuales ciertamente han sido expuestas tanto en el día de muertos como en halloween. En esta última celebración, las películas de terror han incrementado la relación demónica con la muerte. Sin embargo, el día de muertos-aunque en un principio fuera en honor a Mictlancihuatl, a quien ahora se le relaciona con la santa muerte-no tiene tanto que ver con demonios, monstruos y fantasmas, sino con recordar a los seres queridos que ya no se encuentran en este plano terrenal.
En México han adoptado el halloween y en Estados Unidos los mexicanos, descendientes y demás han trasladado al día de muertos. Las ofrendas y altares del día de muertos también se han transformado en una obra de arte, para hacerle honor a los muertos y también a los vivos, para reirnos un poquito de nuestro destino final, sin perderle el respeto claro está.
Gracias a José Guadalupe Posada, la señora muerte también se transformó en una crítica política con la catrina y las “calaveras” o poemas chistosos acerca de figuras públicas. Ahora, los latinos hipsters de las grandes urbes exhiben su figura y las calaveras de azucar en tatuajes, camisetas, bodas, fiestas, retratos.
Quizá es por esto que existe la percepción de que el día de muertos se trata de glorificar a la muerte. Pero desde tiempos aztecas se ha tratado de mostrarle respeto, de recordar que somos parte de un ciclo que cierra y se abre.
Sin embargo, pensar en el mundo de los muertos como un mundo infernal, lleno de almas en pena y mounstros que vienen a visitarnos y asustarnos es el aspecto que en realidad debería hacernos cuestionar porqué algunos de hecho creen que poner decoraciones de halloween es completamente inofensivo mientras poner una ofrenda es hacerle culto a la muerte. Creo que es hora de revisar cuáles costumbres son realmente maléficas.