“No hay que esperar que un gobierno cuente nuestras historias, lo que hay que hacer es contarlas”. Icíar Bollaín, Directora de También la Lluvia.
Esta semana por fin pude ver También la Lluvia, dirigida por la actriz y directora comprometida con las causas sociales Icíar Bollaín, y protagonizada por tres grandes: Luis Tosar, Gael García Bernal, y el ganador del Goya como mejor actor de reparto: Karra Elejalde.
El guión, elaborado por Paul Laverty, es brillante por muchas razones, pero especialmente por su habilidad artesanal que logra magistralmente contar tres historias compartiendo el mismo espacio: Cochabamba, Bolivia.
Primero está la historia del rodaje de una película. Segundo está la historia que cuenta esa película y que trata de la colonización y la desmitificación de Cristóbal Colón. Tercero, la situación social en Cochabamba durante la famosa Guerra por el Agua del 2000.
La película es intensa, muchas veces dolorosa, y uno como espectador no puede evadir la tarea de encontrar los paralelismos entre la tragedia de la colonización y la de la globalización.
Personalmente me impresionaron los personajes y las actuaciones de estos dos actores que los caracterizan:
Antón, es un actor hundido en una profunda soledad y tristeza, que trata de ahogar con las copas. Es un cínico, hipercrítico de la falta de conciencia social que detecta en el equipo de rodaje. Su papel: el mismísimo Cristóbal Colón, a quien ha estudiado hasta el cansancio, lo repudia pero a la vez lo enaltece con una caracterización impecable, de esas actuaciones que solo pueden lograr los grandes, diálogos largos y complicados, con gran carácter. Este papel es interpretado por el legendario actor vasco Karra Elejalde (Días Contados, Airbag, La Pistola de mi hermano).
Daniel es un cochabambino con impresionantes rasgos indígenas y un ejemplar sentido de justicia, lo que durante el casting logra la atención de Sebastián (Gael García Bernal) el director de la película, quien le da el papel protagónico de Hatuey, un líder indígena que se rebela y lucha contra los españoles durante la colonia.
Pero también en su propia vida es líder, y pronto se enterarán que es el propio Daniel quien está encabezando las protestas contra la privatización del agua, poniendo en riesgo no solo su vida sino el rodaje de la película de Sebastián. Este papel lo interpreta el actor boliviano Juan Carlos Aduviri, de quien hace poco me he enterado, gracias a un artículo de Isabel Mercado en el diario boliviano Los Tiempos, que es el primer actor boliviano nominado para un premio Goya. No ganó el premio, pero sin duda ganó el reconocimiento internacional por su increíble actuación, convirtiéndose a mi ver en el personaje más entrañable de toda la película.
También me enteré que estudió Dirección de Cine en la Escuela Municipal de Artes de El Alto, Bolivia, que durante el rodaje de la película lo consumía el estrés y que tiene un hermano llamado Juan Carlos quien también es actor. Aquí un par de fragmentos del artículo de Isabel Mercado:
“Juan Carlos y su hermano Luis –que es también un gran actor– nació en un centro minero, su padre murió de tuberculosis como muchos mineros, y él y su familia de siete hermanos se la arreglaron para sobrevivir en El Alto, combinando, sacrificadamente, el trabajo con el arte, las ilusiones con los hechos. Pero, también como pocos, no quiso quedarse en el estigma y encontró en el arte el vehículo para hacer realidad algunos de los muchos sueños que comparten los jóvenes bolivianos marginados y castrados en sus aspiraciones”.
“Juan Carlos no trajo el premio, pero se vino premiado. El saber que puede, es sin duda más que suficiente. Y puede. Las cosas han cambiado y lo cuenta como ejemplo: En Barajas (el aeropuerto de Madrid) ya no lo recibieron con miradas de desconfianza, le dieron la bienvenida. Es que todos quisiéramos que el arte te borre todas las fronteras, Juan Carlos”.
Ayer el oro hoy el agua. Un poco de historia sobre la Guerra por el Agua.
En 1997 el Banco Mundial impone como condición a Bolivia para recibir el tan necesitado apoyo financiero, la privatización del sistema de agua en Cochabamba y en la región de El Alto, La Paz.
Ni tardos ni perezosos, el gobierno federal lleva a cabo la privatización del sistema de agua potable y alcantarillado (semapa), a través de una oscura licitación, en la que participaría un solo consorcio: Aguas del Tunari, cuyos accionistas mayoritarios eran la empresa gringa Bechtel y la española Abengoa.
El contrato de privatización fue suscrito el 4 de septiembre de 1999 por el entonces Presidente Banzer y para el mes de octubre del mismo año, el mandatario ya estaba promulgando la Ley 2029, denominada del Servicio de Agua Potable y Alcantarillado Sanitario.
La hoy difunta ley básicamente obligaba a los usuarios del sistema de agua a conectarse a la red del concesionario, poniendo en serio riesgo a organizaciones de vecinos de la ciudad y del campo, como por ejemplo a las organizaciones de regantes que con sus propios recursos habían construido gran arte de los sistemas de riego que existían entonces, y que beneficiaban principalmente a los pequeños productores del campo.
El colmo fue cuando el concesionario decidió incrementar las tarifas del agua entre un 35% y hasta un 300%, lo que para las familias de la zona se traducía en entregar una quinta parte de sus ingresos al bolsillo del concesionario.
Lo más paradójico de esta privatización es que los “inversionistas” jamás invirtieron el monto al que se obligaron (10 millones de dólares), ya que por alguna rara alquimia financiera decidieron que solo habría que invertir 1 millón, regresando el resto a sus arcas en el extranjero, y argumentando que la inversión saldría de las propias cuotas pagadas por los usuarios actuales, y en algunos casos (incompresiblemente) por aquellos usuarios potenciales que aunque no estaban recibiendo el servicio, pagaban cuotas por la promesa de agua en el futuro.
El rechazo de la población Cochabambina no se hizo esperar, y pronto campesinos, grupos ambientalistas, obreros de la manufactura y maestros, se organizaron para crear la Coordinadora de Defensa del Agua y de la Vida, de la que mucho se ha escrito, hablado y documentado por su indiscutible liderazgo en la Guerra por el Agua.
El 11 de enero de 2000 se realizó la primera acción colectiva que consistió en el bloqueo de carreteras por cuatro días. Pero no es sino hasta una segunda movilización durante el mes de febrero, que se logra echar para atrás el injusto incremento tarifario, durante dos días de intensa lucha en la calle y enfrentamientos entre policías y la población civil.
En marzo de 2000 se logra algo inédito en la historia de Bolivia. Una consulta popular logró la participación voluntaria de más de 50,000 ciudadanos que de manera clara e inequívoca demandan la salida del consorcio Aguas del Tunari, y la revisión y modificación tanto de la ley de aguas como la privatización.
La llamada “Ultima Batalla” inicia el 4 de abril, con una movilización civil que incluiría el bloqueo carreteras y la ocupación de la ciudad por parte de la población civil. Esta movilización duró 8 días, y según registros el último día logró sacar a la calle a 100,000 ciudadanos exigiendo la salida de la transnacional.
Misión cumplida. La transnacional fue expulsada, no sin antes dejar prueba fehaciente de su mezquindad demandando el pago de daños por 50 millones de dólares en tribunales internacionales del Banco Mundial (recuerdan que su inversión fue solo de 1 millón? ¿Cuáles daños?)
De acuerdo a Manuel de la Fuente en su ensayo “Crónica de una Dolorosa Victoria” (Cochabamba, abril 2000), la fuerza de esta Coordinadora proviene de estos factores:
Se mantuvo siempre una relación de diálogo, donde la Coordinadora tuvo el acierto de convocar a un cabildo abierto, “preguntando a los manifestantes el camino a seguir. Ya en el transcurso de la lucha, la consulta fue permanente, tomando la forma de cabildos u otras modalidades de consulta”.
Logró montar “un sólido frente social….aprovechando el capital social comunitario muy presente en la sociedad boliviana”.
Se aprovecharon las torpezas del gobierno, que fueron muchas, así como la de los empresarios que frente a la presión ciudadana no supieron defenderse. Por ejemplo una de muchas torpezas o metidas de pata del gobierno:
“ el gobierno en su momento indicó que lo que sucedía en Cochabamba era obra del narcotráfico y que la Comisión que debía estar encabezada por el Vicepresidente de la República no iría a Cochabamba y que no se negociaría con los subversivos de la Coordinadora”.
Algunas opiniones indican que uno de los grandes beneficiados de la Guerra por el Agua del 2000, fue Evo Morales. Este es un dato curioso para explorar cómo a veces decisiones simples llegan a tener un gran impacto en la vida de las personas. Si bien Morales tenía una fuerte influencia entre los cocaleros, en las zonas urbanas era un virtual desconocido. Después de que se une a las manifestaciones convocadas por la Coordinadora, y trae consigo al 40% de las bases cocaleras a enfrentarse en las calles, el nombre de Evo Morales empezó a sonar en las ciudades.
El agua continúa siendo un problema en Bolivia(y en los últimos días también la lluvia), como en muchas otras regiones del planeta, sin embargo algo quedó muy claro durante la Guerra por el Agua:
Recursos naturales tan vitales como el agua no pueden caer bajo las leyes del mercado, especialmente cuando ese mercado no quiere mirar a la gente.

