Equidad más allá del Feminismo

©LeLarve

Autor: Dr. Félix Aranday Cortés

Aquella mañana me llamaron al área de observación de urgencias para atender un caso de violencia de pareja. Al llegar a la camilla encontré un hombre de 26 años de edad, de tez clara y complexión atlética. Un vendaje coronal le sostenía varias gasas con huellas de sangre fresca de entre las cuales brotaban mechones de cabello castaño claro que formaban “rastas” con la mezcla de yodo, sangre y tejidos de la reciente sutura.

Realmente me impresionó que estuviera neurológicamente íntegro ya que presentaba graves hematomas violáceos en ambos parpados los cuales prácticamente le impedían abrir los ojos. La nariz rota recientemente reparada evidenciaba que se trataba de una fractura expuesta. Los labios de tan inflamados y lacerados parecían un trozo de carne fresca sobrepuesto en medio del rostro. En la piel de la frente, en ambas mejillas, en pecho, espalda, codos y rodillas se observaban lesiones dermoepidérmicas (“raspones”) que hacían sospechar que aquél hombre había sido arrastrado. Presentaba máculas purpureas (“moretones”) en forma semilunar lo que presumía que había sido pateado en repetidas ocasiones. Mientras lo examinaba él hacía un esfuerzo por observarme. Lo miré de reojo y noté que la esclerótica era de un color rojo purpureo intenso por las hemorragias.  La mirada era triste. Apenas me aproximé al alcance de su mano  me tomó de la muñeca, lo cual siempre me ha desagradado, no hice por retirarme y  en lo que alcanzó a ser un susurro dijo - él me trajo y le dieron todas mis pertenencias, hasta mi ropa, mi cartera, ya me dieron de alta ¿y ahora cómo se supone que me vaya de aquí? - sentí que trataba de jalarme hacia un vacio y traté de soltarme amablemente pero él dijo – ¡por favor hágame caso! Ayúdeme - suspiró y me soltó.

Era evidente que me rehusaba a escuchar, así que jalé la silla del acompañante, bajé la camilla para que quedáramos a la misma altura, cerré la cortineta y le pregunté – ¿en qué te puedo ayudar?-

Martín había sido agredido por Gabriel en una riña doméstica. Ellos iniciaron relación de pareja hace 6 años y desde hace 2 años comenzó la violencia física. Martín comenta que Gabriel es 15 años mayor que él. Abogado. Lo conoció a través de internet y comenzaron a salir cuando él todavía estaba casado. Un año después abandonó a su mujer y sus dos hijos pues ya no podía seguir negando “lo que era”. Comenta Martín que Gabriel siempre fue muy celoso y posesivo; de un temperamento muy agresivo. Se violenta con facilidad, participa en riñas callejeras por que “lo ven feo ó le gritan joto y sin decir agua va golpea a quien lo agredió, no medía palabra y golpe tras golpe no puede detenerse, es como uno de esos perros que se quedan trabados, ¡pues míreme!” continúa definiendo a Gabriel su agresor, “Antes de salir del closet era muy mujeriego, muy macho y tomaba mucho y ya borracho siempre le perdía el asco al compadre de al lado que siempre terminaba detrás de él”.

Continua “cuando iniciamos a vivir juntos el dejó de tomar pero el aceptar su sexualidad no implicaba que se resolvieran sus problemas…. Siguió siendo celoso y se metía con cualquier cabrón. Pensé que era una fase por la que todos pasamos, pero me dejé aislar dentro de esta relación, me volví un hombre inseguro y me aferraba a la relación como quien da la última bocanada de aire antes de quedar sepultado bajo el casco de un naufragio”. En su relato se percibía un vacio desolador, una necesidad de pertenecer, de ser amado, de dejar de huir. Mostraba la imposibilidad de darse cuenta que estaba sometido a una relación perversa que terminaría por matarlo. Mientas hablaba apenas podía abrir la boca y dejaba ver varias piezas dentales fracturadas y despedía la halitosis clásica de las personas que tragaron demasiada sangre. El maltrato estaba dentro de él, lo había invadido como el moho, era muy profundo. Martín estaba dislocado y no tenía a donde ir ó con quien ir, ni a quién recurrir. La dificultad que él enfrenta, aparte de las lesiones, es el abismal vacío jurídico que padece esta población. El Programa de Prevención y Atención a la violencia familiar y de género contempla a las “familias” y la protección a la mujer” este grupo poblacional “no existe”. Por lo que en términos prácticos, Martín no goza de la exención de servicios médicos, ni de la protección legal y mucho menos del acceso preventivo a albergues y otras medidas de protección social. En dicha situación, incluso en el Estado de México la mujer y los menores sólo tienen que señalar al agresor para que quede establecido en un documento de carácter médico legal. En el caso de Martín le dieron su ropa, cartera y demás pertenencias al agresor.

En esta situación es tanta la empatía que se siente por un ser humano que atraviesa esas circunstancias y tan poco lo que se puede hacer por él que se intercambian sentimientos de dolor e ira. Efectivamente, no existe protocolo de salud para la atención de parejas homosexuales en situación de violencia ¿existirá en un Ministerio Público Especializado? ó como lo dijo el médico encargado del “caso”, solo se trata de – ¡una pelea de locas¡ pero “este” no se quiere ir por que tiene miedo de que se lo vuelva a madrear su novia. El ministerio público no llega y yo necesito la camilla para 10 pacientes más que tengo sentados, así que si no tiene nada que ofrecerle firme el alta -

Para aproximarnos al entendimiento del fenómeno de la violencia de género es menester partir de la construcción de la perspectiva de género. Ello implica un reto aún más complejo pues en el converge el significado de ser hombre, mujer u homosexual en México, esta es de por sí una temática compleja en Latinoamérica, en la práctica debe en gran medida atenerse a la idiosincrasia del médico encargado del caso. Lo que al menos ese día me impidió recurrir a modelos comprensivos amplios e integrales .

Creo pertinente de forma preliminar debatir las siguientes premisas, las cuales de forma personal, me sirvieron de plataforma para plantear un análisis bidimensional:

Desde considerando una visión retrospectiva, en la primera década del siglo XXI nuestro país fue permeado por la violencia a través de múltiples expresiones. Esta violencia forma parte del carácter e identidad de lo “mexicano” el cual no ha podido asentar cambios verdaderamente significativos en más de 200 años. Para establecer un análisis serio debemos reconocerlo las expresiones violentas misóginas, misándricas y homofóbicas que son las vías que nutren la subjetividad violenta en la colectividad.

Desde un punto de vista sociopolítico, en México los relevos por el poder determinan nuestra historia y se miden por los periodos entre guerra y guerra. Lo que en definitiva a través de los siglos nos ha dejado pocas instituciones de protección social. El Gobierno en turno establece una “política de tiros cortos, muy petardezcos, que no van hacia ningún lado; con ausencia de concentración, con falta de conceptos y objetivos claros” (Marquez, 2002).

Al final, se convoca a un foro para que de explicación a las estadísticas y solo queda una versión oficial que identifica a unos cuantos y deja de manifiesto un sincretismo político, social y económico, que dificulta entre otras cuestiones la construcción histórica de la perspectiva de género, debido a la confusión social de los sujetos y a la ausencia de un proyecto real de nación.

En base a lo anterior, entendemos que igualdad y equidad no son lo mismo. Un heterosexual no vive la misma experiencia de pareja que un homosexual y en ambas vivencias existe una infinidad de matices, por lo que es absurdo se sigan generando marcos jurídicos que planteen la igualdad como marco de acción pues esta concepción genera un contrasentido en su aplicación. Paralelamente a este proceso se prepondera el concepto de equidad, en una calidad de Ordenamiento jurídico de origen griego y constitución romana, que junto con el derecho natural constituyen las nociones básicas de la autonomía del ser humano . Es decir, considerando en su significado el establecimiento de tres formas genéricas aplicativas que congregan el sentido de justicia, identidad jurídica y valoración de la individualidad, desde este constructo se logra a un equilibrio genérico. La equidad es el crisol que funde la igualdad y lo justo en plenitud. Así mismo involucra una visión de imparcialidad en el análisis de los fenómenos y de acuerdo con la razón normativa el actuar de los miembros de un grupo determinado, considerando lo humano en el ámbito laboral, étnico, político, religioso, social, y de género.

En palabras de Aristóteles, “la equidad es la Justicia aplicada al caso concreto”. El principio de equidad es un Principio General del Derecho. Constituye uno de los postulados básicos y nos indica que está íntimamente ligada a la justicia, no pudiendo entenderse sin ella. Tanto es así que Aristóteles consideraba lo equitativo y lo justo como una misma cosa. Con lo que la equidad también es lo justo, y ambas, equidad y justicia, no son incompatibles sino que se complementan (de Azcárate, 1873)

Este contraste es notable pues en el México posrevolucionario institucional al que se han adherido la izquierda y la derecha mexicanas las bases sociales se constituyeron como reservas clientelares y se difirió la labor de construcción e identificación nacional a través de la definición del sujeto de equidad genérico – los acarreados son todos iguales – Para contravenir esta tendencia polarizadora es urgente la construcción de la equidad de género, la cual se logra controlando el lenguaje, a través de reconocer que es pieza fundamental que alimenta las expresiones misándricas, misóginas y homofóbicas que nos destruyen.

Yo firmé el alta…….

Félix Aranday Cortés es psiquiatra con especialidad en tratamiento de adicciones. Cuenta con experiencia en investigación en Neurociencias. Radica en la ciudad de México. Puedes leer sobre equidad, co-dependencia, drogas y otros interesantes temas en su blog: http://arandaymd.blogspot.com/

 

 

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