Yo nací en un México dividido entre los “fresas” y “nacos” y nunca cupe en ninguno de los campos muy bien. Mis padres, en especial mi padre, insistían en que fuera a escuelas privadas donde mi piel morena era muy de “gata” y “naca” para las sensibilidades “fresas” de los riquillos y riquillas que eran mis compañeros escolares. Unas cuantas amigas compartían ese ímpetu clase mediero de sus padres, así que no era la única en esa situación. En el único año que fui a escuela pública en México, la maestra insistía en que me quitara “la papa en la boca”, pues aparentemente mi acento era demasiado “fresa” para sus sensibles oídos proletarios. Así pasé mi juventud, ni suficientemente fresa para la clase alta y los clase medieros con aspiraciones a ser clase alta, ni suficientemente “prole” para mis vecinos, conocidos y familiares de clase trabajadora.
Sin embargo, aunque mis padres siempre se han esforzado por trabajar duro y tener dinero para llevar una buena vida, siempre me enseñaron a tratar a todos por igual, yo creo porque eran un poco hippies (hasta la fecha lo niegan, pero por favor, se conocieron en un curso de yoga y son vegetarianos).
Mis padres eran muy niños cuando sucedió la masacre estudiantil de 1968, pero desde entonces no se había dado un movimiento estudiantes que llamará la atención de la opinión pública nacional e internacional; y aunque muchos todavía dudan del movimiento Yo Soy 132, en especial de que vaya a influenciar la elección de un nuevo presidente este 1ero de Julio, aunque no lo haga ya ha hecho mucho por México.
En especial, desde que Paulina Peña Pretelini haya retwiteado el mensaje de su novio en réplica a las críticas de su padre por su incapacidad de nombrar tres libros que marcaron su vida, llamando despectivamente a sus críticos “prole”, se incendió una llama que antes se creía extinguida por la corrupción, las masacres y la guerra sucia. Era un secreto a voces que los del poder siempre han despreciado a los que reciben sus despensas a la hora de votar, que aquellos con la riqueza del país siempre han podido callar la voz de los que piden una vida digna y retribución justa por sus esfuerzos laborales, en un ambiente seguro y con posibilidad de tener agua potable y a lo mejor hasta banda ancha.
El clasismo no nada más tiene que ver con los niños “popis” despreciando a los que se bajaron de la cima a tamborazos, el fin es mucho más siniestro, mucho más mortal, porque los que van a escuelas privadas y se codean con los que sí tienen llegan a los puestos importantes y deciden el futuro del país, mientras que los que van a escuelas públicas se pasan la vida trabajando duro para obtener lo que se pueda, sin mucho poder de elección ni mucha democracia política y civil.
Hay excepciones, y lamentablemente algunas tienen que ver con la corrupción, pero no todas por supuesto. Quisiera creer que entre los candidatos existe uno o una que en verdad cree en la igualdad, que todos los mexicanos tenemos los mismos derechos, sea donde sea que hayamos nacido y que tener dinero o no, no tenga que ver con nuestra capacidad.
Pero lo que desató Paulina fue una revisión de las clases sociales en el ámbito político y aunque no haya sido una reacción directa, el hecho de que el repudio al candidato Peña Nieto haya ocurrido en la Universidad Iberoamericana, una de las universidades privadas más prestigiosas del país y también de las más caras, donde los hijos de “la prole” sólo tienen esperanza de ir becados, dice mucho. El hecho de que los 131 estudiantes se presentaran para defenderse como estudiantes propios de la institución y desataran el movimiento Yo Soy 132 junto con otras universidades privadas, dice más, porque por fin se ha fracturado esa barrera invisible entre los que tienen y los que no, por fin ha surgido una concientización de que la situación en México sólo va a cambiar si todos, tanto pobres como ricos y clase medieros se unen para exigir sus derechos como ciudadanos. Estoy completamente de acuerdo en que sea un movimiento apartidista, porque si tuviera tendencias únicamente izquierdistas o derechistas, estarían de nuevo forjando una barrera y creo que el impulso a incitar a que todos voten, a que participen en las decisiones políticas del país y que incluso escuchen las propuestas de los candidatos en lugar de aceptar despensas y creer en sueños idealistas del siglo pasado, es importante para crear una verdadera democracia.
En especial, me parece excelente que una de las quejas principales sea la crítica de los medios, porque se han convertido en cómplices de la corrupción, en lugar de denunciarla y si bien es cierto que aquellos periodistas valientes que se han atrevido a informar la verdad han sido callados con balas y machetes, sin una sociedad consciente, los medios no pueden hacer un mejor trabajo.
Las cadenas televisivas no transmitieron el tercer debate, que fue organizado por el movimiento Yo Soy 132, pero por lo menos incluyeron en su sitio de internet, aunque un poco escondido, el debate creado por estudiantes. Uno de los candidatos no asistió, quizá por miedo a ser atacado, quizá por miedo a no saber qué contestar a las excelentes preguntas, objetivas y analizadas de los estudiantes. Es cierto, hubo fallas técnicas y accidentes de producción, pero el simple hecho de que por lo menos tres de los cuatro candidatos hayan asistido es una señal de que el movimiento está haciendo un gran esfuerzo por difundir información, no sólo quejas. Mi sugerencia hubiera sido que más estudiantes de comunicación y periodismo hubieran estado a cargo de la producción y el formato, precisamente para forjar un periodismo nuevo y objetivo en el país. De todas maneras buen trabajo, es mucho mejor que no hacer nada. Siempre he creído que la información es poder y por fín en México el poder se ve cuestionado por aquellos en posición de exigir información fidedigna, objetiva y sobre todo verdadera, asi caiga en el lado izquierdo o en el derecho.
Aunque lamentablemente no tuvo suficiente difusión y fue transmitido únicamente por internet, cuestión que dejó fuera del alcance a muchos que no tienen la posibilidad de tal tecnología, tengo la esperanza de que algunos se fueron a los cafés cibernéticos para ver por lo menos parte del debate. De todas maneras, todavía se puede ver en YouTube, uno de los medios sociales que han permitido que la juventud no sea callada por los noticieros donde “nada pasó”, como sucedió en el 68, cuando los noticieros no dijeron nada sobre aquel 2 de Octubre en Tlatelolco.
Así como los medios sociales han permitido que el movimiento Yo Soy 132 siga su empeño civil y político, también expusieron el clasismo exhibido por la hija del candidato del PRI, partido que pretende regresar al mando del país. Así que, gracias Paulina, porque aunque indirectamente y sin ninguna intención, lanzaste la primera piedra de diamantes que rayó la barrera entre los privilegiados y los desafortunados. Es cierto, la barrera está rayada, no rota, pero es un buen comienzo.

