El 7 de junio de 1968, ninguna de las operarias de máquinas de costura de la Planta de la Ford Motor Company en Dagenham, Inglaterra, imaginaría que su lucha por obtener los mismos beneficios que sus compañeros varones –que entonces ganaban 15% más por desempeñar el mismo trabajo – paralizaría la producción de automóviles Ford en Inglaterra.
Ni que serían recibidas por la entonces Ministra del Empleo, Barbara Castle, y mucho menos que ésta última apoyaría su causa, trayendo como consecuencia la aprobación de la Ley de Pago igualitario de 1970 (Equal Pay Act).
Eileen Pullen, Gwen Davis, Sheila Douglas y Vera Sime, son consideradas pioneras en la lucha por el pago igualitario, no solo en Inglaterra, sino en aquellos países industrializados que siguiendo el ejemplo de Inglaterra, promovieron legislaciones que protegieran a las mujeres contra la discriminación salarial.
En 1968 la planta en Dagenham, Inglaterra de la empresa automotriz Ford Motor Company, tenía contratados a 55,000 varones, pero sólo 187 mujeres, para la producción de 3,100 vehículos diarios.
Las ‘maquinistas de costura’, como se les conocía a los puestos desempeñados típicamente por las mujeres, estaban clasificadas como Grado A ó de ‘Habilidades Mínimas”, es decir que su trabajo requería el mínimo de destreza, y por lo tanto su salario era sustancialmente menor a los de sus pares varones, además de no poder aspirar a desempeñar labores calificadas como grado B los menos capacitados, y grado C los que contaban con destrezas más especializadas, reservadas para los varones, por asumir tácitamente que las mujeres estaban incapacitadas para realizar esas tareas, simplemente por el hecho de ser mujer.
El trabajo de las maquinistas consistía en elaborar los forros de piel de los asientos de los vehículos Ford, para lo cual tenían que unir decenas de piezas, sin patrón o guía, es decir a puro “ojo”.
Cuando se les cambiaban los diseños, nunca eran notificadas ni provistas de un modelo del nuevo diseño, por lo que básicamente tenían que utilizar su ingenio y habilidad manual, para que de un montón de pedazos de piel, saliera el forro de un asiento.
Tras una huelga de tres semanas, las “maquinistas de costura” aceptaron un acuerdo con la empresa, promovido por la Ministra del Empleo, que las acercaba en un 92% al salario de sus pares varones. Posteriormente en 1970, pasarían la Ley de Equidad Salarial, que prohibía a las empresas mantener una tasa salarial distinta entre hombres y mujeres.
Pero la ley de 1970 no fue suficiente para reparar las injusticias de la empresa Ford en Dagenham y otras plantas.
Pese a la aparente equidad en el salario, se encontraba por otro lado el hecho de que el puesto de Maquinista de Costura, aún se consideraba como un trabajo de ‘habilidades mínimas” (Under Skill). Es decir continuaba en la categoría A.
Así que 16 años después, en 1984, las maquinistas volvieron a salir a la calle a exigir el respeto a sus derechos con consignas como éstas:
Sheila Douglas explica esta injusticia con un ejemplo sencillo:
“Cuando se acumulaba el trabajo en otras áreas de la planta, por ejemplo en el área de instalación de paneles, las chicas salían a apoyar a los hombres. Pero cuando se acumulaba el trabajo en la costura, era imposible colocar hombres en una máquina de costura, no tenían ni idea de cómo empezar a meter el hilo en la aguja”.
Fue la Comisión Europea quien obligó a la entonces Primer Ministra Margaret Thatcher, irónicamente una mujer, a pasar una ley que garantizara el pago equitativo por trabajo de valor equivalente.
Este es un muy buen video con los protagonistas de la huelga de Dagenham:
Made in Dagenham
Una nueva película del director de “Calendar Girls”, Nigel Cole, con Anthony Hoskins, Miranda Richardson, y la adorable Sally Hawkins (Happy Go Lucky), se ha inspirado en las huelguistas de Dagenham de 1968, produciendo una historia que a mi ver es un verdadero homenaje a la lucha por la equidad de género. Pero además en los diálogos de los personajes, más allá del discurso político por la equidad, se encuentra un tema central y muchas veces dado por hecho en los debates sobre equidad de género: la justicia.
No es un privilegio el que las mujeres podamos aspirar a tener los mismos derechos que los hombres, es una cuestión de principios y justicia.
Así lo expresa la protagonista Rita O’Grady protagonizada por Hawkins, en un hermoso discurso ante los delegados de los Sindicatos de Trabajadores, a los que ha acudido a pedirles que apoyen la huelga de maquinistas:
“Estamos juntos en esto, hombres y mujeres. No estamos divididos por sexo. Sino por aquellos que están dispuestos a aceptar la injusticia”.
Otro momento importante es cuando Rita responde al reclamo de su marido, quien aún no está enteramente convencido cuál es el rol que le toca en este asunto de la huelga, y pretende “sensibilizar” a su mujer, de que ha sido el mejor de los hombres, porque cuida de los hijos cuando ella tiene que trabajar, no se gasta el dinero como otros apostando o emborrachándose, y de ninguna manera se va por ahí con otras mujeres. A lo que ella responde con una frase sencilla y profundamente acertada:
‘!Es cuestión de derechos, no privilegios Eddie, eso es lo que debe ser, Eddie!
(Yo le hubiera respondido: ¿Dónde quieres que te ponga la medalla y la placa de agradecimiento, por no ser un desgraciado?)
La película de Cole, tiene momentos de gran imán empático: están las mujeres que por amor deciden que la lucha por sus derechos es secundaria o irrelevante. O la que se da cuenta que pese a haber obtenido un título en historia por una de las mejores universidades del mundo, su esposo la trata como si fuera una estúpida. También está la Ministra del Empleo, una mujer fuerte e inteligente, que de pronto tiene que resolver las insolencias y condescendencias de sus propios subalternos masculinos.
Desde luego ésta es una peli que incluiré en mi colección de películas con las que mostraré a mi hija en su momento, cómo es que llegamos y gracias a quien se ha logrado la reivindicación de nuestros derechos en este largo y tropezado camino hacia la equidad.
Por lo pronto aquí pueden ver el trailer:
Dónde estamos?
En Inglaterra, desde la huelga de las maquinistas de 1968, la brecha salarial se redujo del 31% en 1970 al 17% en nuestros días, aunque hay indicadores que muestran que esta brecha ha comenzado a reabrirse y que en números reales anda en el 22%. En industrias como la bancaria, es mucho peor, la distancia salarial llega a alcanzar el 45%, así como las demandas en tribunales muestran que las empresas muchas veces deciden simplemente pasarse la ley de equidad salarial, por el arco del triunfo: 44.000 demandas por equidad salarial ante las cortes, más del doble que en 2005.
Algunos datos de MEXICO:
La brecha de ingresos entre hombres y mujeres en México es de alrededor del 30 por ciento, la más amplia solo después de Turquía, Grecia y Corea del Sur (Organización Mundial del Trabajo)
Menos del 50 por ciento de las mujeres laboran en un empleo formal por el que son remuneradas. (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE)
23% de las mujeres en México realizan un trabajo no retribuido. La mayoría de ellas se dedica al cuidado de los hijos o de un adulto.
Mientras las mujeres mexicanas dedican más del 15% de su tiempo al cuidado de un pequeño, los hombres solo dedican el 7%.
Las industrias más desfavorables en los salarios de las mujeres, son las industrias de las telecomunicaciones y las empresas de apuestas.
Por cierto, cómo es posible que Inmujeres le entregue un Certificado de Equidad a una empresa como WALMART conocida internacionalmente por sus prácticas de explotación, bajos salarios, contratación de indocumentados para evitar pago de prestaciones, etc., y que en México han sido denunciados y documentados casos de acoso hacía las empleadas, entre otros abusos, solo porque el 53% de su plantilla sean mujeres. Pregunta: conociendo los antecedentes de explotación de WALMART, ¿no tendría que preocuparnos esa mayoría?

En el tren de la vida, las mujeres, aun en tiempos modernos, continuamos en un vagon aparte. Desde luego que, sin mujeres de este calibre, estaríamos ancladas en el medievo y sin pase para abordar.
Lo que vamos consiguiendo en el trayecto es gracias a mujeres valoradas -a si mismas-, inteligentes y luchadoras. Hay que seguir día a día porque “Es cuestion de derechos, no de privilegios”.
Magnífico texto Marga y gracias por la recomendacion de la pelicula.
Muy buena película, la recomiendo,deja en claro que la lucha es común, no es contra los hombres sino porque es cuestión de justicia, no de privilegios, muy bien lograda.