Imagen de Natalie Shaw
Mi estimado lector, o lectora, debo confesar que hay veces que no sé qué escribir sin caer en la opacidad de un mundo donde ya no son cuatro los jinetes del apocalipsis sino cinco contando la mula rejega que cabalga nuestro presidente Felipe Calderón.
¿Qué hacer con eso? No se, quisiera tener una varita mágica; la solución depende de todos los mexicanos. Lo que quiero saber es qué hacer con mis pensamientos que andan sueltos y, con lo peligroso que está andar por las calles, he decidido mantenerlos encerrados casa. Sin embargo, ellos –mis pensamientos- se resisten, dan tumbos y patadas a la puerta, están “hasta la madre” de tanta noticia trágica, injusticias por doquier, sin embargo, he decidido darles un poco de paz. Al menos, ésto si esta en mis manos hacer.
-¿Y qué vas a escribir? -preguntó el más necio de mis pensamientos.
Veré televisión un rato. Asi que, con control remoto en mano, me deje caer plácidamente en un mullido sillón. Encendí el aparato y elegí un canal al azar. Lo primero que encontré fue un dialogo que me hizo detener justo ahí…
“Hay muchos hombres” -dijo la bella-
“que son peores monstruos que tú,
Y yo te prefiero a pesar de tu aspecto…”
Sentí como si me hubieran dado un tremendo zape que despertó mis ideas; ¡He ahí un buen tema! Los cuentos de hadas, que representan tan bien las lecciones de la cultura que los crea y perpetúa, y que han venido ofreciendo desde hace siglos distintas versiones de dramas.
01-Prologo de “La Bella y La Bestia”
En “La Bella y la Bestia”, hace su aparición una joven bella e inocente que conoce a ese ser repulsivo y aterrador de acuerdo al prologo. Para salvar a su familia de la ira del monstruo, la joven acepta vivir con él. Al llegar a conocerlo, a la larga vence su odio inicial y, finalmente, llega a amarlo, a pesar de su personalidad grotesca y animal. Cuando esto sucede, claro está, se produce un milagro: él queda liberado de su aspecto bestial, y recupera su forma, no solo humana, sino también principesca. El príncipe recuperado pasa a ser su pareja agradecida y adecuada. De esta manera, el amor de la joven y bella doncella y su aceptación del monstruo se ven pagados con creces cuando ella asume su lugar apropiado junto a él, para compartir una vida de dicha y buenaventura por siempre jamás.
Al igual que todos los cuentos de hadas y princesas que han perdurado a través del tiempo de ser contados una y otra vez, encarnan una profunda verdad espiritual en el contexto de una historia irresistible. Lo cierto es que, las verdades espirituales son muy difíciles de comprender y mas difíciles aún de poner en practica porque a menudo van en contra de los valores contemporáneos.
| “Los valores contemporáneos redimensionan el modo de ser y de actuar de los seres humanos en la relación con los demás y con el medio que les rodea.” |
Algunos de estos valores son: la identidad, la equidad, la perseverancia, la igualdad, entre otros. Por lo tanto, hay una tendencia a interpretar los cuentos de hadas de una forma que refuerce la tendencia cultural. Al hacerlo, es fácil pasar por alto su significado mas profundo y, a simple vista, ¿cuál es la tendencia cultural que este cuento parece acentuar? Desde mi punto de vista es el hecho de creer que una mujer puede cambiar a un hombre si lo ama lo suficiente. Por lo menos asi lo interprete.
Esta creencia tan poderosa, tan generalizada se infiltra hasta en el centro de la psique. Lo vemos en nuestra forma diaria de hablar y de actuar, hasta en “Ella es Niurka” hablando de moral. Pero, en este cuento de hadas se ve reflejada la táctica suposición cultural de que podemos cambiar a alguien mediante la fuerza de nuestro amor y de que, si somos mujeres, es nuestro deber hacerlo.
Cuando alguien a quien queremos -o amamos- no actúa ni siente como nosotras desearíamos, buscamos maneras de cambiar la conducta o el ánimo de esa persona en cuestión, por lo general con la bendición de otros que nos dan consejos y aliento a nuestros esfuerzos “¿Has hecho tal o cual cosa?”
Las sugerencias pueden ser tan contradictorias como numerosas, pero pocos amigos y parientes pueden resistirse a la tentación de hacerlas, incluida yo. Todos, en algún momento, nos concentramos en ayudar. Incluso los medios de comunicación entran en escena, no solo reflejando este sistema de creencias sino además con su pletórica influencia, reforzándolo y perpetuándolo mientras continúan delegando -por debajo de la mesa- el trabajo a las mujeres como buenas samaritanas.
Por ejemplo, tanto las revistas como ciertas publicaciones de interés general siempre parecen publicar articulos sobre “Como ayudar a su hombre (o mujer) a ser mas…” virtualmente no existen y las mujeres compramos esas revistas y tratamos de seguir estos consejos con la esperanza de encontrar o ayudar a ese “compañero de vida” a convertirse en lo que queremos y necesitamos que sea.
Nota: Si es un varón quien me lee, ni se pavonee de gusto que esto va para los caballeros también. Sin agraviar, pero hay algunos especímenes que, si no exigen que sea virgen por lo menos algo que se parezca a esa figura sacra que, quizá, tiene por madre y, por ende, la que pretende para sus querubines.
Siendo asi, para algunos la respuesta parecería obvia: la ética judeocristiana encarna el concepto de ayudar a aquellos que son menos afortunados que nosotros. Nos enseñan que es nuestro deber responder con compasión y generosidad cuando alguien tiene un problema. No juzgar sino ayudar: “imitemos a la virgen”, esa parece ser nuestra obligación moral como mujeres y en los hombres “tuyo es el reino del señor”.
Lamentablemente, esos motivos virtuosos de ninguna manera explican por completo el comportamiento de millones de mujeres que eligen como pareja a hombres que son crueles, indiferentes, abusivos, emocionalmente inaccesibles, adictos, o incapaces por alguna otra razón de ser cariñosos, de valorarlas y de interesarse por ellas. Y, hay que ser parejos, lo mismo aplica en los varones ¡también existen las brujas!
Ahora, regresemos al cuento de hadas que, a simple vista, parece defender tanto la negación como el control como métodos para lograr la felicidad. La bella, al amar al terrible monstruo sin cuestionamientos (negación), parece tener el poder de cambiarlo (controlarlo). No obstante, me parece que es una interpretación simplista que equivoca ampliamente el significado del cuento. Esta interpretación parece encajar con los papeles sexuales que dicta nuestra cultura. El hecho de que esta historia perdure no se debe a que refuerce los preceptos y estereotipos de cualquier época sino porque encama una profunda ley metafísica, una lección vital sobre cómo vivir nuestra vida de una forma sensata y buena.
Entonces, ¿Cuál es la intención de La Bella y la Bestia? La aceptación. A mi modo de ver, interpreto la aceptación como la antítesis de la negación y el control. Es la voluntad de reconocer cual es la realidad y dejarla tal como es, sin necesidad de modificarla. En eso radica una felicidad que surge no de la manipulación de la gente o de las condiciones externas, sino del desarrollo de la paz interior, aun frente a los desafíos y dificultades.
Si usted ha visto el cuento de hadas recordara que Bella no tenía necesidad de que la Bestia cambiara. Ella lo veía con realismo, lo aceptó tan peludo como era y, aunque usted no lo crea, lo apreciaba por sus cualidades; esas que no se ven; que se esconden muchas veces detrás de una mascara; que a veces roncan y que por las noches no dejan dormir. Ella no trataba de convertir a un monstruo en un príncipe ni decía; “Seré feliz cuando este desgraciado deje de roncar”. Tampoco le tenía lástima por lo que era ni trataba de cambiarlo. Y allí radica la lección. Debido a su actitud de aceptación, la bestia fue liberada para convertirse en su verdadero yo, no sin antes pasar por un proceso de aislamiento y soledad que le ayudaron a descubrirlo.
La verdadera aceptación de un individuo tal como es, sin tratar de cambiarlo mediante el aliento, la manipulación o la coacción, es una forma muy elevada del amor y, para la mayoría de nosotros, resulta muy difícil de practicar. En el fondo (pero muy en el fondo) de nuestros esfuerzos para cambiar a alguien hay un motivo básicamente egoísta, una creencia de que a través de ese cambio seremos felices. Y no hay nada malo en desear ser felices pero colocar la fuente de esa felicidad fuera de nosotros mismos, en las manos de otra persona, significa que nos restamos valor, capacidad y responsabilidad de modificar nuestra propia vida para bien.
Esta historia pareciera un mapa secreto, el cual, si tenemos la astucia suficiente para descifrarlo y el coraje de seguirlo, nos guiara a un gran tesoro escondido: nuestra felicidad por siempre jamás. ¡Que chulada!
Resulta irónico pero mejor reflexionemos en la realidad y las consecuencias de nuestro propio comportamiento y, si hay algo que debamos cambiar, pues empecemos por uno mismo.
