La Maldición del Artista

La Maldición del Artista

De un Artista a otro Artista

Nadie sale vivo de aquí “––afirmaba el Rey Lagarto Jim Morrison. La vida se mueve en sentido lineal pero vibra en espirales siempre hacía un mismo punto.

Jim escritor, músico, cineasta, poeta y loco, que “exprimió” materialmente la vida, viviéndola al límite. Para él no existía el punto medio, solo los extremos. Un devorador de vida.

Abrir las puertas de la percepción hacía el otro lado. Morrison, el mismo que tiró a la calle el teléfono de marfil  y oro, regalo de Andy Warhol, valioso artefacto del que además se aseguraba servía para hablar con DIOS.
De brillante inteligencia. En la Universidad, podía recitar citas de cualquiera de los libros que poseía, sin siquiera moverlos de su librero.

Probando todos los excesos como sí la vida fuera solo unos segundos, hasta acabar con ella trágicamente. He aquí un ejemplo donde literalmente el artista vive su vida al máximo.

Durante la formación de un artista, se nos enseña a trabajar con nuestras propias emociones y sensaciones: a exacerbar las emociones al máximo.

Pero… ¿ Cómo se puede vivir en este mundo con la piel tan delgada y los poros tan abiertos?
Nadie te enseña nunca a vivir con eso.
Un artista debe ver el mundo en tercera dimensión haciendo una continua lectura cotidiana. Analizándolo e intelectualizándolo, para posteriormente expresar su propio punto de vista.
Sin embargo,  así como los mares, el cielo y todos los elementos se ven realzados, lo mismo ocurre con los horrores del mundo. Todo el tiempo como una maldición perpetua.

¿Como poder vivir así?
Percibimos, sentimos y vivimos diferente el mundo.

¿Quién podrá comprendernos y aceptarnos?

No comemos ó vestimos igual. Ni cuando hacemos el amor dejamos de ser artistas, pues las yemas de nuestros dedos son más sensibles y nuestro cuerpo más ardiente.

Con la pasión corriendo por las venas amamos sin dejar de percibir las imágenes artísticas que ejecutan dos cuerpos entregándose el uno al otro.

Pero así como vivimos intensamente el erotismo también vivimos intensamente la crueldad, la maldad y la hostilidad del mundo, la cual nos atormenta y no nos deja vivir.

¡Sensibilidad! ¡Maldita Sensibilidad!
De la danza, que es lo mío, puedo decir que a los bailarines se nos educa a traspasar los límites del cuerpo físico y del alma. Se nos confiere el arte de hacer música visual [pensando en esto siempre he soñado con crear una sinfonía para sordomudos], y también aprendemos a controlar cada músculo de nuestro cuerpo, el equilibrio y la gravedad.

Se nos enseña a percibir el espacio, la energía y también la materia. En una coreografía colectiva sabes perfectamente dónde se encuentra cada integrante, a qué distancia, si se sale de ritmo, incluso cuando alguno de ellos se va a “adelantar ó atrasar” en la ejecución… todo esto sin usar el sentido de la vista.

Aprendemos a trabajar con el dolor corporal y a amarlo, así como el dolor del alma, pero nunca te enseñan a lidiar con él. Si a ello agregamos la incomprendida alma del artista en un mundo donde es difícil encontrar un oído y un lector conceptual. La desesperación de la incomprensión de su obra y de sí mismo.“People are strange when you’re a stranger”. La soledad del pensamiento.
¡La abstracción total!

Al no hablar el mismo idioma que los demás seres humanos, uno puede sentirse en cierta forma discapacitado. Esta incomprensión creo que también es compartida por científicos y en general por gente con altos niveles intelectuales.

¡Soledad maldita soledad!

Desde mi punto de vista, es aquí donde radica el tormento del artista, el cual se ve reflejado en su obra. En cualquier obra.

Como la novela “Misery”, que en realidad habla de la lucha de Stephen King y su carcelaria enemiga la cocaína, encarnada en la imagen de una enfermera, he aquí la analogía de la blancura de la droga, lo cual se representa magistralmente en los diálogos:

Annie Wilkes (Enfermera) : “Estamos hechos el uno para el otro”.
El ataque brutal de Wilkes sobre el escritor, postrado en una cama, imposibilitado para caminar, reteniéndolo e incomunicándolo.

El acto desesperado de Van Gogh al cortarse la oreja por no poder lidiar con la vida.
La pobre Virginia Wolf que al no poder concentrarse por las voces que le hablaban tomó la resolución de suicidarse.
Suicidio… como el del líder de la banda grunge “Nirvana” Kurt Cobain que al no poder lidiar con su consumo de heroína se suicido con una escopeta.
El artista, ya sea escritor, pintor, poeta, cineasta, actor, músico ó bailarín todos tenemos que cargar a cuestas con esta maldición todos los días de nuestras vidas.
La sensibilidad artística es la bendición y la maldición más grande.
Sin embargo también el arte consiste en la lucha diaria contra ella, domándola y dirigiéndola.

Desde el inseguro y atropellado Dalí , pasando por la sufrida Frida Kahlo, así como las lágrimas de Vladimir Vasiliev al interpretar “Spartacus” ó  la constante lucha de Mickey Rourke traspasando la pantalla, hasta el atormentado Van Gogh, los artistas pasan por este mundo gozándolo pero también sufriéndolo. Por todo esto pregunto…

De un artista a otro artista… ¿Cómo poder vivir así? ¿Quién podrá comprendernos?.

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