“Llorar también es de avatares”
Con este pensamiento me levanté el lunes por la mañana. Mi cuerpo me dolía y mis ojos no sabían si estaban abiertos o cerrados. Me dolían hasta los huesos, sin embargo como cada mañana agradecí a Dios tener la oportunidad de vivir, pero ese amanecer tenía otro sabor por las lecciones que enseña la vida en complicidad con su inseparable amiga la muerte.
Estamos de acuerdo que perder a un ser querido nos desgarra el alma. Esa es la ley de la vida que nos deja una secuela de dolor ingrato como legado. Sabemos que el duelo es un proceso natural y necesario que debemos atravesar, primero; para lograr pasar de la negación a la aceptación de la realidad. Y segundo, para poder reordenar la vida con las nuevas condiciones que se originan. Esta dolorosa experiencia, por lo menos una vez, a todos nos ha de pasar. Por lo mismo me atrevo a ceñir un tercero con signos de interrogación ¿Tiene algo de malo expresar el dolor cuando se sufre?
Cuántas veces a alguien tenemos a lado y que por el simple hecho de estar, lo hemos ignorado. Y cuántas que, por lo distante, los hemos olvidado como esas fotos que están guardadas en un baúl esperando ser rescatadas de entre lo viejo. Cuántas veces nos sobrecoge la culpa y nos decimos:
“¡Qué tonta he sido! Más tiempo con ella –o él- debí compartir”. “Cuántas alegrías le hubiera ofrecido”. O también “Cuántas tristezas le hubiera evitado de tan sólo haberle llamado” y… no sé cuantas reflexiones más sacamos del cofre cuando alguien querido se nos va.
Luego de unos minutos en silencio concluí que mi corazón está lleno de zurcidos pero aún late. Lo único dulce que podía saborear, era mi café. Me detuve por un buen rato frente a mi ventana, contemplé el panorama, respiré profundo, encendí torpe mi computadora y continué mi recorrido habitual por internet. Algo útil podía encontrar que me ayudara a conformar mis pensamientos.
Después de revisar mi bandeja de correos, viaje a Facebook. Visualicé a los míos ahí presentes; algunos que amo profundamente, otras que aprecio por su calidad humana, presentes o en la distancia pero todas “unidas” por la sutileza de la amistad virtual. Sin embargo, hay entre todos, una muy especial que recientemente partió de mi mundo real. Es triste lo que sentí al ver su “muro” así como sus “actividades recientes”. Su ausencia fue precisamente la que nos hizo suponer que algo no estaba bien. Como así fue.
No cabe duda, el mundo virtual nos enreda en su magia mediante un extraño micro-tejido en tiempo presente. El pasado se vuelve un ícono que se borra o archiva fácilmente y el futuro nos ofrece un abanico de alternativas que pudieran agendarse nada más. Todo ello con una simple o rebuscada “llave de acceso”. Es un mundo donde la muerte no tiene un dominio propio y su acceso es limitado, aunque no es nada raro encontrarse con avatares fantasmeando en la red, de esos que sabemos que ya no están entre nosotros pero sus palabras siguen haciendo eco a través de alguna red social. Navegar por internet tiene un impacto tan profundo que nos enlaza a una analogía extraña sin darnos cuenta: un ser humano conectado con infinidad de artilugios y detalles que igualmente dejan una huella profunda de tal modo que deberíamos decir Llorar también es de avatares.
En medio de la tristeza puedo decir que encuentro regocijo al ver su imagen. Quisiera encontrarla en todas y cada una de las cosas que ha marcado como “Me gusta”. Quisiera que leyera estas palabras ya que siempre estuvo atenta al Club de Lilith. Mientras en la realidad me debato porque quisiera encontrarle en todas y cada una de las lágrimas que he derramado. La realidad es cruel, por más que busco comprender el misterio de la muerte me consuela pensar que solo el cuerpo se hace cenizas o polvo, pero su esencia se queda con nosotros.
Ahora mi sentimiento depende de lo que fue su rutina diaria. Sus últimos meses los recreó en una granjita llamada “Farmville” que para ella significaba un gran desafío, pues había que sembrar y levantar una cosecha diariamente. Una parcela cuya superficie estaba constituida a base de logros como la vida misma. El cultivo de un huerto y un jardín que lucía mágico. Una granja con animalitos que alimentaba como si fuesen de verdad. Una comunidad que se acostumbró a verla a trabajar a partir de las ocho de la mañana. Así, día a día, su granja virtual crecía graciosamente aún para quienes no pertenecíamos a su colectividad pero que no dejamos de visitarla porque su presencia nos llenaba de un optimismo tal, que la hizo acreedora de un cariño my especial, tan real como su propio nombre “Adoración”.
En la realidad, nos damos cuenta que el tiempo pasa tan de prisa a nuestro alrededor que, en un día cualquiera, el ser humano al ser amado la muerte tan fría lo aparta de nuestro lado, y en un segundo todo ha terminado. Hemos olvidado que el VIVIR pasa tan solo a sobrevivir en un mundo regido por el caos, la austeridad de los valores, el ahorro del tiempo y la complejidad de lo cotidiano.
A la gente de hoy en día parece que nos cuesta o da vergüenza exteriorizar los sentimientos. Debo confesar que soy una de ellas. Expresar verbalmente las experiencias y los sentimientos, por lo general me resulta más fácil comprenderlos, sobrellevarlos y expresarlos por escrito, además que, de una forma o de otra, he podido comprobar tres cosas. Una, que quiero ser escritora. Dos, que de entre las circunstancias más tristes de mi vida, puedo hacer de ella una bonita historia. Y tres, que el resultado de ambas contribuye a mitigar el dolor, entre muchas otras inquietudes que llevo dentro.
Una forma de desahogarse es hablando y escribiendo, cómo ya lo decía Shakespeare en su obra Macbeth:
“Dad palabras al dolor. La desgracia que no habla, murmura en el fondo del corazón, que no puede más, hasta que le quiebra”.
En conclusión. El vacío que se siente es imposible de llenar ya que puede significar, para algunas personas, el fin de todo un estilo de vida en común durante el proceso de duelo. Podemos escapar de la vejez pero no de la muerte. Seria muy egoísta de mi parte querer marchar antes que todos mis amores para evitarme ese proceso desgastante pero, morir ahora no esta en mis planes así que mientras tanto celebraré que todos tengamos vida y que mientras nuestro corazón lata existe la posibilidad de un reencuentro, de un abrazo cálido y sin rencores, de un beso tierno y sin reclamos, y de una vida equilibrada sin cargar con el pasado. Simplemente el hecho de decir de corazón…

prima – te espero para platicar sobre esto. palabras muy emotivas que han abierto mas preguntas sobre la vida y la muerte en el mundo virtual. gracias por tus palabras. -lisa