La tercera y última parte de la discusión del capítulo “Los Juguetes malos y otros Demonios” del Best Seller de Isabella Santo Domingo, “Los Caballeros las prefieren Brutas”.
No cabe duda, los tiempos se han ido modernizando y adaptando a nuevos estilos de vida, a otras costumbres generacionales, a otros roles, pero también, a otros juguetes sexistas…
Veamos, en primer lugar a qué nos referimos con las palabras juguetes sexistas. “Son los que reproducen los roles del hombre y la mujer en nuestra sociedad, se convierten en un instrumento ideológico del que se sirve el sistema para perpetuarse. De esta forma los niños/as, por medio del juguete, asimilan la discriminación y reproducen los esquemas machistas y patriarcales que imperan en nuestra sociedad, esquemas que se reflejan principalmente en la diferenciación de los juegos y los juguetes según los sexos, y así estaremos creando al varón posesivo y activo y a la mujer “cenicienta” del hogar dedicada al marido y a sus hijos, sin tener posibilidades de cumplir otro papel en la sociedad”.
Encontré este interesante fragmento en un sitio que analiza la influencia que ejerce la publicidad en los juguetes, [a lo que podemos agregar los mensajes “subliminales” que, por medio de los comerciales de televisión, se convierten en normas de conductas para la sociedad].
En uno de sus pasajes, el libro de Isabella Santo Domingo dice lo siguiente: “Lo cierto es que la Barbie es la más hábil de todas las muñecas. Al menos sabe lo que quiere. Es la más independiente y la mejor negociante de todas. Nuestro modelo a seguir y la culpable de gran parte de nuestras frustraciones. Sí, porque tener como modelo a una muñeca casi perfecta, que no sabe lo que es una cana, a pesar de que ya es oficialmente ruca, que no necesita el dinero del marido para nada, que tiene hijos y que ni se le nota y que, además, tiene para pagarse su propio silicón y todas sus cuentas. La Barbie que además no tiene un solo pelo de plástico de tonta, tambien es nuestro principal motivo de frustración latinoamericana.” (Pagina 27)
Eso de “ruca” (entre otros descalificaivos) no entra en discusión porque mucho se nos habla de un hechizo mágico que se llama “AUTOESTIMA” (definición aquí). Con una buena dosis de esta pócima, las personas viven “encantadas” y créanlo, ¡hasta las brujas se ven bonitas! Las personas se vuelven seguras de si mismas; generalmente saben lo que quieren y es justo lo que van a atraer a su vida; ¡su propio reflejo en el estanque! ¿Qué significa eso? Que solo verán en el mundo externo su propio mundo interno.
Pero cambiando bruscamente el tema, pienso que a los hombres desde niños, se les debe enseñar a ser independientes. De hecho (y bendito sea dios) ya muchos se involucran en estos quehaceres domésticos sin necesidad de aprender jugando a los trastecitos, pero “ojo” es importante erradicar de nuestro vocabulario las palabras; “maricón o mandilón” que sí están muy pasadas de moda.
Por otra parte, la Dra. Daniele Flaumenbaum autora del best seller “Mujer Deseada, Mujer Deseante” nos dice en uno de sus capítulos; “conviene romper con los arquetipos psicológicos: la mayor parte de las mujeres no proyectan sobre el hombre al que aman la relación con su padre, ¡proyectan la relación con su madre!”
“Si, que la nueva Barbie latina sea una pobre muñeca, pasada de peso y que trabaje en algo real como vendedora de puerta en puerta de Ebel. Eso es más realista. Eso si que es prepararnos para el futuro, que venga con su propio accesorio, o sea, su marido. Quizás en vez de sonrisa tonta que no se le borra ni con acido de batería (ya lo he probado), viva deprimida ante la infidelidad del John Wilmer Ken, la versión latina de de la Barbie. Y que en vez de carro convertible rosado, se suba a un camión, en metro o en carro, pero de alquiler (taxi). Nada de la flota de carros rosados convertibles estacionados en la puerta. ¿a quien quieren engañar cuando aun pensamos que todos nuestros sueños infantiles si son posibles? Y asi, con una Barbie latina podremos evitarnos toda esa frustración infantil por no ser altas, flacas, millonarias, súper populares y siliconudas.” (Pagina 28)
Bueno, eso me invita a recordar mis juguetes de la infancia. Debo confesar que, aparte de mi Barbie, el Ken y la Skipper, también me regalaron una muñeca de trapo, era negra, labios rojos de corazón, con trenzas de estambre, arracadas, un paliacate en la cabeza y un vestido rojo de lunares blancos. Me la habían traído de México mis abuelos. Tanto amaba a esa muñeca que le di un sitio en mi corazón y otro en recámara; ¡lucía pomposa sobre mi cama! Pero después de leer el párrafo anterior creo que debí someterla, acusarla de mí peor enemiga y sentenciarla a cadena perpetua dentro del closet en lugar de valorarla como algo muy significativo del arte popular de México que al mismo tiempo fungió como acompañante y un recuerdo cariñoso por parte de los abuelos. Estas sabias palabras me alientan constantemente; “Las personas que se aman a si mismas no están esperando el “objeto” para Amar”. Página 65 de “El Arte de Amar” de Erick Fromm.
“Pero el Ken, ese si, bajo ningún punto de vista puede ser el modelo de hombre que queremos en nuestras vidas. También recomendaría a las mamás evitar regalar a sus hijas ningún tipo de superhéroe, ¿para qué?, si en la vida real lo que nos toca es otra cosa. Imagínense la tragedia que sería si el novio de la Barbie fuera algo así como el Hombre Araña, por ejemplo. ¿para qué? Para cuando crezcamos tengamos que cortarnos las venas, pues la ilusión del hombre arácnido se resume a un trepador que lo único que hace es pegarse como un chicle y escalar posiciones a costa nuestra. No, gracias. Y esa es la cruel realidad…” (Pagina 29)
Los expertos coinciden en que todo parte desde la gestación, el nacimiento y los primeros años con los vínculos paternos y maternos. Si me quedaba alguna duda, el psicoanalista Camilo Ramírez Garza, contribuyó a disiparla con el siguiente comentario: “¡¡No hay determinantes de rol por los juguetes con los que se juega, solo si se juega a jugar!!!! Algo con lo que se juega a jugar, permite no tomarse tan en serio todo, los problemas surgirían, quizás, cuando se considera que algo se debe hacer y no hay escapatoria, tanto para jugar con otra cosa, como para elegir otra cosa”. Mi estimado lector, olvidé preguntar si este comentario incluye muñecas inflables para los caballeros y vibradores para damas escondidos debajo de la cama.
Lo importante es que cierro este tema convencida de mi propio pensamiento: ya somos adultos, inteligentes, responsables, unos más otros menos. También estamos lo suficientemente informados, conscientes creo yo, como para continuar arrastrando un patrón heredado que muchas veces es doloroso porque se cuestionan las estructuras primarias, en relación a esos vínculos parentales y que mucho depende de dónde estemos situados para proyectarnos sin esos grilletes en los pies.
Muchísimas gracias por su atención y hasta el próximo encuentro.

Si, yo habría terminado más traumada con ese libro. ¡yo también tuve una negrita cucurumbe con su vestido rojo y puntos blancos, y su pañuelo en la cabeza, jajaja, y es la única que todavía tengo acá.
Nunca tuve una barbie, nunca la anhelé, ni tampoco ahora, pues en qué mundo viven esos que hablan de juguetes?
Gracias Olimpia por tu generosa atención
Ya no continué con la lectura del libro, pero si pienso reanudarlo; quien quite y se me pega algo de bruta por conveniencia, claro. En cuanto a la Barbie, si tuve una, era el boom del momento, además, tenemos la misma edad (ups, lo dije). Solo que no pintaba a ser tan vanidosa y egocéntrica como ahora, aunque si la misma flaca de siempre. Por cierto, una vez me enviaron un correo electrónico con una Barbie algo “pulposa” postrada sobre la cama con su laptop, debo confesar que con esa si me identifiqué (jajaja). En fin, el mundo no parece el mismo, las ideas cambian, la gravedad no perdona y la gente parece que menos.
Nina…
Me ha encantado y divertido mucho el leerte en tu trilogía (¡woow! esto se lee bien nice no?), la verdad que a veces tendemos a exagerar posturas, que quizá sus argumentos puedan ser válidos en ciertos casos, sin embargo eso de generalizar es un arma de dos filos, algunos embonan otros no… Yo me siento identificada con la tuya, tuve todos esos juguetes, desde la Barbie y confieso que en una temporada era mí favorita, que ahora que la pienso, debo tener una obsesión con el cabello pues me tocaba peinar todas las de las amiguitas mientras ellas sacabas los traumas caseros… También tuve mi negrita, no una sino muchas, era de rigor mi negra… Y tuve todos los juguetes sexistas que puedan criticar, sin embargo, eso no me hizo al esquema obligado de mujer de casa, que para nada es menospreciado, siempre y cuando sea realmente convencida… Finalmente creo que toda postura por exagerada que pueda parecer es muy válida, ya que esas nos hacen reflexionar y reafirmar otras.
Saludos!!
Mariana, me gusto eso de la trilogía. Estupenda idea, lo tomare en cuenta para una próxima vez.
En cuanto a lo demás, los tiempos han ido evolucionando, lo importante para mi, es conservar los valores. Suena algo trillado pero hay que insistir; las mujeres que logran integrar su propia personalidad (fuera de estereotipos), son mas fuertes, equilibradas y están mas animadas que las que continúan en un papel de sufridas, abnegadas, pasivas, masoquistas, dependientes, neuróticas, anorgásmicas, (¡ya basta Nina!)… y todo porque no son capaces de tomar sus propias decisiones, ni disfrutan su sexualidad sin represiones, no son capaces de dar y recibir, tampoco son complacientes en retribución sino mas bien lo hacen por obligación, temen correr riesgos y tampoco se atreven a competir de manera inteligente con cualquier hombre dentro o fuera del hogar. Estas diferencias no se aprenden con los juguetes, se aprenden en la edad adulta, a través de los desafíos, con intuición femenina, no la que dicta lo correcto o lo que no, sino la que nos hace sentir bien con una misma. Bueno, eso digo yo pero no suena nada descabellado.
Muchas gracias por tu comentario Mariana. Espero que sigas disfrutando la lectura, aprendiendo y participando en el Club de Lilith.