Mi Historia: Mary Paz

Texto

Por

Gloria de Angel

 

“Jamás las cosas volverán a ser como antes ni para usted ni para su familia”, dijo un médico a mi madre hace 25 años justo cuando mi hermanita fue diagnosticada con “Sindrome de Down”. Los siguientes días los pasamos llorando, leyendo libros horriblemente deprimentes sobre las alteraciones cromosómicas e imaginando los terrores que aguardaban a mi familia.

Por fortuna cada uno de ellos demostró ser falso y vivimos una realidad más feliz de lo que suponíamos.Mi hermanita, pese a que sufrimos la muerte de mi madre poco tiempo después, me ha demostrado ser una optimista natural, que encuentra siempre razones para sentirse entusiasmada y complacida.

No imaginan la alegría que produce vivir con alguien que piensa y sonríe feliz cuando juega con las mascotas, cuando aseamos la casa ó regamos el jardín, cuando me acompaña en mis actividades. El orgullo reflejado en su carita cuando aprende algo nuevo. La capacidad de perdón que nos contagia, lo realizada que se muestra ante alguno de mis logros. La compañía en paz que me regala. Su capacidad de escuchar, el amor que regala a los seres indefensos, el mismo que me regala a mí.

Y cada día su enseñanzas sobre cómo disfrutar de la vida.

Cuando mamá murió solía pensar con angustia “¿qué hacer con élla?”.  Ahora pienso ¡Cómo vivir sin ella!

No todo es dulce.

Vivimos en una sociedad que glorifica lo que llamamos una “mente racional”. Este sistema social nos enseña a todos, de mil maneras, que nuestra capacidad para ganar dinero, respeto y consideración social dependerá de lo inteligentes que seamos para enfrentar la vida.

¡No es de extrañar que el síndrome de Down sea tan temido en nuestra cultura! La palabra “mongólico” es una de las palabras más feas que he escuchado en mi vida. La experiencia de “otros ojos”  sobre cualquier forma de discapacidad intelectual y física me provocan posándose en mi niña…

La felicidad de MaryPaz, no es constante, puede llegar a tener depresión, igual que el resto de la gente, sobretodo si no se siente aceptada, si no se le trata bien o si se siente aislada. Sus personalidades son individuales; difieren entre sí exactamente igual  los que nos llamamos “normales”.Pero aun a riesgo de hacer una generalización, yo diría que las personas con síndrome de Down tienden a ser más perspicaces que el resto, en lugar de distraerse y conseguir autoestima en forma de honores, poder, salud, se concentran en un criterio esencial: El amor.

Mi hermanita rechaza gastar su tiempo en cosas que no ama.En cambio, centra su puntería sobre cualquier cosa que signifique querer a alguien, o a algo que se cruce en su camino. No puedo expresar lo maravillosamente que cambia nuestra vida diaria cuando se convive con alguien que piensa de esta manera, llamando nuestra atención hacia la felicidad que nos aguarda en casi cualquier ocasión.

Aquel ser semihumano y desgraciado que predijo el médico aquel día a mi madre, nunca ha aparecido bajo la piel de Mary Paz, todo lo contrario, tengo una hermana que parece venir equipada con una perspectiva iluminadora que con inteligencia y con paciencia estira y estira hasta enseñarme cómo ser feliz.

Por todo eso y más. ¡Gracias Mary Paz, por hacernos tan felices!

#DiadelSindromedeDown.

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