Retorno a la comunidad: el “mandar obedeciendo” del neozapatismo mexicano

Retorno a la comunidad: el “mandar obedeciendo” del neozapatismo mexicano

Gualberto Díaz González

Verónica Caraza Madrid

Zapatista en Ciudad Universitaria, UNAM ©Todos los Derechos Reservados Gualberto Díaz

Resumen

Desde la perspectiva de la larga duración histórica, el levantamiento neozapatista de Chiapas que irrumpió el 1 de enero de 1994 se inscribe en la historia de resistencia de los pueblos indígenas de México desde la Conquista española hasta el día de hoy. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (Ezln) se inspira en el zapatismo histórico de 1910 (defensa de la tierra, autonomía cultural), pero con distintas estrategias de lucha (la palabra y el Internet) para exigir “libertad, democracia, justicia y paz con dignidad”, por “un mundo donde quepan muchos mundos”. Bajo el concepto del “mandar obedeciendo”, contrario a la lógica del dinero y del poder, proponen el consenso comunitario y la asamblea como máxima instancia del poder comunal. Al cabo de 16 años se ha afianzado como un movimiento  antisistémico que lucha contra la expoliación de los trabajadores y la negación de los derechos humanos que genera el sistema-mundo capitalista. A esta novedosa forma de hacer política “desde abajo”, se adhieren grupos, comunidades y pueblos de resistencia antisistémica en México y el mundo.

Para el Estado mexicano, Chiapas es una zona estratégica por sus recursos naturales (hidrocarburos, maderas preciosas, uranio), hecho que en las últimas décadas ha llevado a que las administraciones políticas inviertan en infraestructura y desarrollo económico, sin compartir los beneficios producidos con los indígenas, cuya población en el estado constituye la tercera parte  (Tzotziles, Tzeltales, Choles y Tojolabales), concentrados sobre todo en la zona de Los Altos y en las Cañadas de la Selva Lacandona.

Hoy día Chiapas sigue siendo uno de los Estados que presenta los índices de pobreza y desigualdad social más elevados de la República. Por ejemplo, cerca de 2000 ejidos y comunidades se reparten poco más de la mitad de la superficie agrícola del Estado, mientras que las mejores tierras son acaparadas por finqueros y ganaderos pertenecientes a una oligarquía heredera del pasado colonial y del siglo xix que la Revolución no desmanteló y que, en el transcurso de los años, se ha consolidado apoyándose en las fuerzas militares del Estado y recurriendo a grupos paramilitares.

Liberación en la selva

Aguascalientes de Guadalupe Tepeyac, Chiapas, 1994 ©Todos los Derechos Reservados Gualberto Díaz

La Teología de la Liberación nace bajo el influjo de las ciencias sociales en  busca de un análisis crítico de la realidad dentro la reflexión católica. Su premisa: la salvación de Cristo no es en el más allá, sino aquí en la historia humana, la lucha por una sociedad justa que transforme la realidad, una “teología política” y misional en el mundo indígena que insiste en el realismo de la reencarnación sociocultural, igual a la de Cristo.

De acuerdo a lo establecido en el Concilio Vaticano ii, el cristianismo debía “adaptarse” a los moldes de la cultura indígena creando una iglesia autóctona. La maduración de esta visión socio-religiosa se da en la Conferencia de Medellín (1973), cuyos temas, cristianismo y justicia en América Latina, enfocaron su análisis sobre la situación de los indios y de las minorías que vivían en el continente americano. Se consideró necesaria la emancipación del indígena en el respeto de sus derechos culturales y sociales, buscando la desaparición del indio en cuanto ser vencido y colonizado. Fue así como se comenzó a cuestionar la teología llegada de Europa con la colonización española, buscando sustituirla por una teología “concreta” que se inspirara en la iluminación de la fe para la problemática real del hombre latinoamericano.

El Obispado de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, guiado por Samuel Ruiz, en los años 70s del siglo pasado fue el eje alrededor del cual se desarrollaron los movimientos de resistencia indígena. Samuel Ruiz participó en la Conferencia de Medellín donde comprendió que el indio es producto histórico de una injusticia social y de un colonialismo interno, por lo que se hace necesario encontrar en las entrañas de la cultura mesoamericana los mecanismos que les sirvan para relacionarse con una sociedad de consumo capitalista; percibió que la educación elemental era necesaria para que hicieran conciencia de su identidad cultural y de sus problemas históricos.

En 1974 se organizó en San Cristóbal de Las Casas el Primer Congreso Indígena de Chiapas, bajo los auspicios de la diócesis de San Cristóbal, con Samuel Ruiz al frente. En el congreso participaron dos mil delegados representantes de mil comunidades. Durante las conferencias, todas en lengua indígena, se trataron los siguientes temas: tierra, salud, educación y comercio. Para la cuestión de la tierra se estableció un objetivo a corto plazo: “despertar la conciencia proletaria de nosotros” para poner las bases de otro objetivo: “el cambio del actual sistema hacia una sociedad en que no haya propiedad privada de los medios de producción” (Tello, 1998: 59). El congreso potenció la creación de un movimiento indígena al poner en contacto a las organizaciones ya existentes alrededor de la Diócesis, apoyar a los indígenas en su lucha por la libertad.

Nace el EZLN

Comandante David, Chiapas, 1998 ©Todos los Derechos Reservados Gualberto Díaz

En 1972 el Presidente Luis Echeverría promulgó el Decreto de la Comunidad Lacandona, por medio del cual se asignaron 614.321 hectáreas a sesenta y seis familias lacandonas, negando los derechos de cuatro mil familias Choles y Tzetzales que vivían en la misma zona. En virtud de este decreto, treinta y siete comunidades fueron amenazadas de desalojo, a pesar de tener la posesión real y legal de las tierras. La nueva presión del gobierno federal sobre las comunidades funcionó como catalizador para que éstas se movilizaran en la defensa de sus tierras.

En 1978 la situación de las comunidades empeoró por el decreto del Presidente José López Portillo que instituyó la Reserva Integral de la Biosfera de Montes Azules, lo que provocó la reubicación de varias comunidades y la represión de las que se resistieron al desplazamiento en 1979.

Por ese entonces en Chiapas empiezan a ser activas las Fuerzas de Liberación Nacional (fln), un grupo de inspiración marxista que nació a finales de los años 60. Las fln habían operado sobre todo en un ambiente urbano, pero cambian de estrategia como resultado de la represión  de los años 70, la llamada “guerra sucia”, y sus células se dispersan por el país, llegando a Chiapas y fundar el Núcleo Guerrillero Emiliano Zapata, que impulsaba una revolución antiburguesa y la creación de un estado socialista.

En los 80s del siglo pasado las Fln comenzaron su labor de concientización de los grupos indígenas, concentrándose en la comunidad de San Andrés Larráinzar, en los Altos. Y en 1983 se abrió uno de los períodos más duros de la historia de Chiapas, a causa de la política de represión llevada a cabo por el Gobierno del Estado, guiado por el General Absalón Castellanos, quien procedió a la militarización de la región para contener la acción colectiva de los grupos indígenas. Pero en este año, las fln penetraron en las Cañadas para emprender su labor política y militar. En octubre de ese año nace el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Con el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, la situación social se exacerbó en 1992 a causa de la reforma al Artículo 27 de la Constitución Mexicana que da por terminado el reparto agrario y a la negociación del Tratado de Libre Comercio con América del norte. La reforma al 27 elimina la posesión comunal de la tierra y el TLC abre las puertas al capital trasnacional. Esto provoca una pérdida de tierras cultivables a disposición de las comunidades indígenas de Chiapas, obligando muchos campesinos a emigrar hacia las grandes ciudades; pero muchos de los que decidieron quedarse pasaron a engrosar las filas de la resistencia indígena clandestina; se produjeron numerosas manifestaciones populares de protesta contra la represión política, el tlc y la reforma al 27.

En 1993 los rumores de una inminente guerrilla se difunden por todo el Estado y el Ejército Mexicano aumenta sus actividades de control en la zona de la Selva y de las Cañadas. Fue en ese momento cuando se produce accidentalmente el primer enfrentamiento entre núcleos guerrilleros y batallones del Ejército Mexicano, lo que provoca un cambio de estrategia en los neozapatistas acelerando sus planes de insurrección que explotará con el levantamiento del 1 de enero de 1994.

La Teología de la Liberación, la presencia de grupos marxistas que  consideran los territorios chiapanecos de los Altos y de las Cañadas como base territorial para una revolución nacional, y la formación de grupos de resistencia indígena que, a lo largo de los años, han unido sus esfuerzos y fusionado su ideología dando vida en 1983, al Ezln, un movimiento inspirado en el zapatismo histórico, pero diferente por la utilización de novedosas y posmodernas estrategias de lucha como el Internet, un movimiento social de nuevo tipo, antisistémico, que asume consciente el vínculo de su lucha con la lógica global del sistema-mundo capitalista: de resistencia con implicaciones y con significados globales, “cuya lucha que está en Chiapas, lo mismo que en México, en América Latina y en todo el mundo” (Aguirre, 2001: 30).

Desde el inicio el EZLN movió a la sociedad civil y ésta movió al EZLN:

1994: la Convención Nacional Democrática convocó a 10 mil personas en la Selva Lacandona para fundar el Aguascalientes de Guadalupe Tepeyac.

1995: en la Consulta Nacional por la Democracia que pidió reconocimiento al zapatismo como fuerza política y participaron más de un millón de personas.

1996: en los Diálogos de San Andrés Larráinzar, entre el EZLN y el gobierno federal, se congregaron intelectuales, políticos, artistas y sociedad civil de todo el país y acordaron el reconocimiento como “sujetos de derecho público” a los pueblos indios; ese mismo año los zapatistas organizan en La realidad el Primer Encuentro Intergaláctico por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, donde dialogan y conviven artistas, intelectuales, la izquierda del mundo altermundista.

1997: la llegada de 1111 bases de apoyo zapatistas a la ciudad de México  “le concede la oportunidad a un sector muy significativo de la sociedad de participar en la primera gran manifestación antirracista en la historia de la ciudad de México” (Monsiváis, 1998: 7).

1999: en la Consulta por el Reconocimiento de los Derechos de los Pueblos Indios y por el Fin de la Guerra de Exterminio participaron un millón y medio de personas.

2001: la Marcha del Color de la Tierra encabezada por comandantes y comandantas zapatistas viajan por varios estados de la república para llegar a la capital y exigir a los tres poderes el reconocimiento en ley de los Acuerdos de San Andrés. En la travesía participaron miles y la apoteosis fue cuando la marcha arribó a un zócalo capitalino abarrotado gritando al unísono: “¡no están solos!”.

En medio de una guerra de baja intensidad contra las comunidades en resistencia, el 22 de diciembre de 1997 un grupo paramilitar de más 100 individuos irrumpió en un templo religioso de la comunidad de Acteal, municipio de Chenalhó, Chiapas, asesinando  a 45 indígenas tzotziles: 15 niños, 21 mujeres (4 embarazadas) y 9 hombres. Y desde Ernesto Zedillo a Felipe Calderón, el Estado mexicano ha querido mostrar la masacre como un conflicto  intercomunitario entre indios bárbaros; los medios de comunicación e intelectuales afines al PRI y al PAN encabezados por Héctor Aguilar Camín, insisten en que se enfrentaron zapatistas católicos con antizapatistas evangélicos; pero no explican por qué después de 7 horas de tiroteo, todas las víctimas pertenecían a un mismo bando (Las Abejas).

Los Acuerdos de San Andrés fueron firmados entre el EZLN y el gobierno federal el 16 de febrero de 1996 y establecen la libre autodeterminación de los pueblos indígenas; ampliando su representación política (local y nacional); garantizando el acceso pleno a la justicia; promoviendo sus manifestaciones culturales; asegurando la educación y la capacitación; la satisfacción de las necesidades básicas; impulsando la producción y el empleo. Pero el gobierno mexicano se negó a cumplir su firma plasmada en los acuerdos y en el 2001, pese a la presión social, el congreso promulgó una contrareforma que, en esencia, niega la demanda principal del movimiento: la autodeterminación de los pueblos indios como sujetos de derecho.

Características del neozapatista

Mayas intergalácticos, Delegados en Xalapa, 2001 ©Todos los Derechos Reservados Gualberto Díaz

La insurrección neozapatista es una guerra posterior a la caída del muro de Berlín, donde los símbolos importan más que las armas y la comunicación juega un papel estratégico, así como la correlación de fuerzas. Su impacto mediático contribuyó al “re-encantamiento del mundo” al anclar su lucha en una sociedad indígena, cuya destrucción y esclavización son contemporáneas a la invención de la modernidad, hace más de cinco siglos.

El neozapatismo se inscribe en la serie de movimientos de liberación indígena surgidos en América Latina en las últimas tres décadas: 1990, levantamiento indígena en la sierra de Ecuador; el Katarismo boliviano, en 1992 se funda el Consejo Regional Indígena en Colombia y Rigoberta Menchú obtiene el premio Nóbel de la paz.

Los pueblos indios mayas se organizan por demandas universales  vinculadas a la lógica global del sistema-mundo capitalista y “muestran cuáles son las características actuales del inacabamiento de la Conquista” (Echeverría, 2001: 78). O como dice Castells: “un movimiento campesino indio de los excluidos en lucha por la democracia, en nombre de los derechos constitucionales, vía internet y los medios de comunicación de masas, muestra la profundidad de la transformación de las sendas de liberación en América Latina” (Castells, 2003: 106). El neozapatista se rehúsa a ser tratado como un problema local o regional, pues cuestiona los preceptos políticos e intelectuales que hoy son fundamentales en las sociedades modernas, la autodeterminación del individuo, la emancipación del yo.

El grito de dignidad que viene desde las montañas del sureste de mexicano no contempla la toma de poder político como objetivo de lucha, por lo que se distancia de los movimientos marxistas-leninistas de los 70s u 80s. Su objetivo es la invención de una democracia abierta a la participación de todos los actores sociales, tomando en cuenta exigencias éticas y afirmaciones de identidad al poner en el centro del debate al indígena como imagen universal de la modernidad. El sentido del neozapatismo proviene de su reacción étnica, al proyectarse en la escena política para construir un movimiento político y civil que alcance una democracia nacional y una sociedad de sujetos, individuales y colectivos, que se reconozcan y se respeten en su diversidad de sujetos, “un mundo donde quepan muchos mundos”, con “trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz con dignidad”.

Es la primera “guerrilla informacional” con una habilidad para comunicarse con el mundo: textos bien construidos y puestas en escena provocan “un auténtico fenómeno de la posmodernidad”, el EZLN dispara “la diversidad, la multiplicidad, la imaginación, la creatividad” (Galindo, 2006: 39).

El indígena se quiere mexicano sin dejar de ser indígena, reconocido y escuchado. Abandera una palabra que viene caminando desde lo profundo de la historia y que tiene su fuente en la memoria colectiva de los pueblos indios: “no morirá la flor de la palabra” (Ezln, 1998: 87). Su lucha es universal a causa de su identidad, pero lo universal lo manejan a su modo y se expresan y actúan como personas y pueblos que si “no salen de indios es porque no les da la gana. Exigen ser respetados en su identidad de indios” (González, 2006: 31-40). Y desde 1994 los zapatistas se constituyeron en el movimiento social más importante del mundo (Wallerstein, 2008: 220).

(…….Continuará):

Esta es la primera de tres partes correspondientes a la serie Retorno a la Comunidad, que podrán leer cada lunes a partir de hoy durante las siguientes tres semanas.


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About the Author

Activista y Feminista Mexicana. Comunicóloga de profesión y próximamente Sociologa. Línea de Investigación: “El Zapatismo y el papel de la mujer en los movimientos anti-sistémicos”. Su ensayo “Universalidad del Pensamiento Zapatista”, ha sido publicado en la Revista Sincretismos Sociológicos y en portales como IndyMedia Barcelona y Kaos en la Red. Fundadora de la Asociación Civil “Rebumbio”, en donde se difunden y promueven los Derechos Humanos para todos a través de actividades académicas, artísticas y culturales. TWITTER: @zurdacaraza