Hubiera sido bueno que el debate del 6 de mayo le hubiera ganado al partido de futbol en rating, por un punto, gracias a la discusión entre los tres Candidatos y la Candidata a la presidencia mexicana, pero ya el mundo entero sabe la razón.
¿De verdad a alguien le extraña que esto haya sucedido? En un país que cosifica la imagen de la mujer a cada segundo desde la pubertad hasta la vejez cuando los senos pierden ante la gravedad? Donde el acoso sexual se vive a diario, en la calle, en el metro, en la oficina, en los hospitales, en fin, sería extraño que se me ocurriera un lugar donde no hay acoso, donde las cualidades físicas de la mujer no se consideren una distracción.
En un país donde incluso entre los partidos de futbol, se exhiben comerciales con mujeres vestidas con ropa diminuta y entallada anunciando bebidas tanto alcohólicas como carbonizadas llenas de azúcar. Futbol, sexo y… ¿debate?
Hasta el Consejero Francisco Guerrero del IFE consideró que utilizar a edecanes para el próximo debate del 10 de junio sería buena idea, por aquello de los ratings. Incluso dentro de la disculpa del IFE, no hay reconocimiento de que no solamente el vestuario fue inapropiado, sino el simple hecho de tener edecanes en un debate presidencial. No se trataba ni de un evento de futbol ni de cervezas ni de carros, donde suelen solicitar edecanes y modelos para “adornar” los productos. Los productos, en este caso los Candidatos y Candidata, estaban precisamente en el debate para “vender” sus propuestas sociales, económicas y políticas.
Sigo sin entender qué tiene que ver una modelo en un debate presidencial. ¿Qué acaso Pamela Anderson ha participado en un debate presidencial para entregar los sobres en su país? No hay que confundir a la política con entretenimiento. Si bien los propios candidatos exhiben por medio de sus propuestas y acciones elementos que dan risa y entretienen, no es necesario añadir adornos a sus actos políticos.
Lo más triste de todo es que tanto hombres como mujeres aminoran estas ofensas y comportamientos sexistas a diario, a manera de tratarlas como parte de nuestra “picardía mexicana”. Incluso este suceso de la edecán tiene tan despreocupados a tantos que hasta acusan de mochos a todos los que tengan una queja que presentar ante el obvio uso de la mujer como un lindo adorno para la democracia.
Me rehúso a pensar que pertenezco a un país que piensa que sus madres y sus hijas valen lo que su cuerpo ofrece. Ese no es el país que debemos ser ni la cultura que debemos tener. Si seguimos con el mismo cuento del juego de pelota y con el sacrificio de las vírgenes, el teatro político seguirá dando funciones domingueras de poco contenido informativo.
Pensándolo bien, fue una buena idea lo de la edecán, porque expuso el sexismo y la misoginia que esclaviza a nuestro país.
Sólo bastaron 24 segundos para deshacer cualquier noción de discusión seria sobre seguridad nacional, migración, economía, en fin, cosas sin importancia para los mexicanos. Pero eso sí, la playmate consiguió 7,000 seguidores después del debate. Si a alguien le queda duda de porqué México sigue siendo el hazmerreír del resto del mundo, pregúntenle a Julia Orayen, la verdadera ganadora del debate.
