El año pasado tuve oportunidad de charlar con Norma Ledezma, fundadora de la asociación Justicia para Nuestras Hijas. La conversación se dio en el contexto del fiasco protagonizado por la empresa MAC, que en sociedad con las hermanas Rodarte decidieron lanzar al mercado una línea de cosméticos “inspirada” en las muertas de Juárez.
Después de muchas opiniones, de traspiés en las declaraciones tanto de las Rodarte como de los representantes de la empresa MAC, del protagonismo de Conavim que “negoció” una salida “política” para la empresa MAC –todo esto incitado por el reclamo internacional liderado por un grupo de blogueras de belleza en Reino Unido, y al que se fueron solidarizando otras voces en México e hispanoamérica –hizo falta la voz más importante, la de los principales agraviados: los padres y madres de estas jóvenes asesinadas que aún esperan justicia.
Por eso busqué a Norma, me parecía una total ironía así como una falta de sensibilidad por parte de todos los actuantes, que estuviesen sentados en una mesa tomando decisiones a nombre de las Muertas de Juárez, y que de pronto el asunto de los feminicidios entrara en la agenda nacional como un asunto prioritario del gobierno, cuando ni siquiera habían cumplido con la Sentencia del Campo Algodonero emitida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y aún a estas alturas continúan sin acatarla a cabalidad; ó cuando los padres han tenido que convertirse en investigadores para asegurarse que la fiscalía investigue los crímenes e impedir que el número de expedientes vacíos continúe siendo la práctica común en Chihuahua.
El tema de los feminicidios de Juárez no era nuevo para mí, la primer vez que escuché sobre el tema fue a través de un especial que hicieron Carmen Aristeguí y Javier Solorzano para Círculo Rojo, y debo confesar que mi primer impresión fue que se trataba de “otro gringo loco que anda de asesino serial en nuestra tierra”, y creo que por comodidad opté por no darle más vueltas al asunto. Sin embargo dos años después ocurrió algo totalmente azaroso que iba a cambiar para siempre mi actitud “cómoda” sobre la muerte de mujeres en Juárez y en otros sitios.
Me encontraba en París tomando un curso relámpago de esos que luego no te sirven para nada. Ese día decidí aventurarme y en lugar de tomar mi ruta habitual desde el Cafe Consulat en Montmartre, pasar por la plaza de los pintores, salir por detrás de Sagrado Corazón y bajar las escaleras centrales hasta Rue Tardieu y de ahí caminar entre calles hasta la estación de Anvers; decidí bajar por Rue Chappe hasta la Rue D’Orsei, y ahí en esa callecita empedrada, de edificios blancos y un silencio melodioso me encontré con Juárez.
La ventana de la galería anunciaba el trabajo de un fotógrafo, del que desafortunadamente no recuerdo el nombre, pero tengo claro que era francés. El lugar aún no estaba abierto al público, la exposición todavía estaba siendo revisada por el curador, quien batallaba con la posición que le había dado su asistente a la fotografía de unos pies. Yo veía todo el movimiento desde la ventana, y pese a la poca luz que permite el reflejo del sol cuando uno está afuera intentado ver hacia adentro, pude ver una foto que me dijo todo: las cruces rosas.
El curador me miró y me dijo algo en francés que entendí como: estamos cerrados. Entonces le dije en español: soy mexicana, me dejas pasar a ver un momento?
Estoy segura que el “soy mexicana” hubiera bastado para que aquel hombre de no más de treinta años, pequeñito y esbelto, me invitará él mismo a pasar. Le brillaban los ojos, mientras me explicaba con gran entusiasmo que a través de la exhibición recabarían fondos para continuar creando conciencia sobre estas muertes.
Las fotografías estaban tomadas con un profundo respeto, era evidente que la intención del lente fue captar la esencia de lo que ocurría – un suéter atrapado en un alambre de púas, unos pies en una morgue, las cruces rosas, etc.–y no los espantosos detalles que ya son de todos conocidos.
Cuando me despedí del curador, me sentía descompuesta, con cierto grado de vergüenza al ver como unos franceses se habían preocupado más que una mexicana, sobre lo que le estaba ocurriendo a cientos de mujeres en su propio país. Esto fue en 2002.
Esas fotos en París fueron las primeras y últimas imágenes que ví relacionadas con el tema de Juárez, hasta mi charla con Norma Ledezma en 2010.
Durante la entrevista telefónica que duró cerca de una hora, Norma me habló del trabajo que realiza con su asociación, pero también y en momentos con mucha indignación de su impresión cuando recién se enteró y vio las fotos de la campaña de la línea de cosméticos MAC Rodarte. Me dejó claro que ningún representante de MAC o del gobierno mexicano se habían puesto en contacto con ella o su asociación para conocer su opinión sobre el tema, y curiosamente un día antes de nuestra charla había coincidido con la Directora de Conavim. El texto de esta entrevista pueden leerlo aquí: “No somos un Mito”
Norma Ledezma es de esas mujeres que uno tiene que recordar para poner las cosas en perspectiva en este país. Creo que es importante conocer con nombre propio a quienes están construyendo el legado de la mujer mexicana fuerte e independiente que será la regla y no la excepción en las próximas generaciones. Norma sin duda es una de ellas, y en este espacio quisimos celebrar el Día Internacional de la Mujer con un nombre propio de una mujer en Chihuahua. !Gracias Norma! !Ni una muerta más!

Marga…
Leyendo tu experiencia en Francia me has hecho sentir un balde de agua fría, por la misma razón que tú comentas, a veces con el hastío de toda la inmundicia de terror que vivimos, cerramos en forma inconciente y cómoda a casos tan tristes como el de Juárez.
Gracias por seguir en la lucha y en la labor de écharme el agua de balde fría para tomar conciencia.
Un abrazo enorme!!
Gracias a ti querida Marina por dejar tu comentario. Es humanamente imposible e insano cargar con todos los problemas del mundo, cerrarnos muchas veces es una manera muy normal de mantener la sanidad, como tu bien dices. Sin embargo hay problemas de tal magnitud, que cuando tomamos conciencia de su existencia, es precisamente cuando podremos evitar que nos lastimen. Te mando un abrazo!
Felicidades querida Marga: solidaridad, conciencia colectiva, pertenencia y medios alternativos confiables son los grandes faltantes de nuestra sociedad puffff!! abrumador. Un abrazo
Gracias Alislive:
Sin duda hay mucho por hacer, muchas cuentas pendientes, muchos rezagos sociales, culturales, políticos e individuales. Pero creo que hay una notable diferencia que poco a poco se va haciendo notar: estamos aprendiendo a no quedarnos callad@s, y eso es un gran comienzo! Abrazo!
yo vi una película con Salma Hayek, pero no pensé que hubiera pasado en realidad, de verdad que fue impresionante el episodio; ojalá que la violencia contra ala mujer cese algún día.
Gracias por ésta página tan linda.
Mil gracias Libia, por leernos y dejar tu comentario. Saludos
Gracias por tus articulos … por hacernos conocer otro poquito de este mundo tan cruel para algunos …. por recordarnos que tenemos que luchar y ayudar al projimo…